Grooming: el delito invisible que crece sin control en Colombia

Una reciente investigación del Politécnico Grancolombiano, liderada por la docente Tatiana Dulima Zabala, advierte sobre el preocupante crecimiento del grooming en Colombia: una forma de violencia digital en la que adultos, tras perfiles falsos, manipulan emocionalmente a niñas, niños y adolescentes con fines sexuales a través de redes sociales, videojuegos y plataformas de mensajería.
El estudio, titulado “Grooming, otra pandemia que enfrentaron los hogares colombianos durante el 2020”, visibiliza la falta de una legislación clara que tipifique este delito como una conducta autónoma en el Código Penal. Esta omisión impide generar estadísticas, diseñar políticas públicas efectivas y brindar una respuesta judicial acorde al daño que causa esta forma de abuso.
“El grooming vulnera emocional y psicológicamente a los menores, muchas veces sin que ellos sepan que están siendo víctimas. La manipulación y el chantaje ocurren sin contacto físico, pero con consecuencias profundas”, explica la docente Zabala, quien desarrolló el estudio con estudiantes de Derecho, incluyendo miembros activos de la Policía Nacional.
Mientras países como Argentina, México y Perú ya han incorporado el grooming a sus legislaciones, Colombia sigue tratando estos casos bajo figuras como acoso, extorsión o actos sexuales abusivos. Además, la Ley 1273 de 2009 —que regula los delitos informáticos— no contempla ninguna figura similar, dejando sin herramientas precisas a fiscales y jueces.
El estudio enfatiza que la solución no solo es legal, sino educativa. Se debe promover una cultura digital responsable desde el hogar, fomentando el diálogo con los menores sobre los riesgos en internet, el uso de herramientas de control parental, la configuración de privacidad y el acompañamiento activo de los adultos en los entornos virtuales.
“No es normal que un niño de 10 años tenga acceso irrestricto a internet o que un adolescente reciba mensajes sexuales sin que nadie lo note. La prevención comienza con la educación”, señala Zabala.
La conclusión es contundente: mientras Colombia no reconozca legalmente el grooming como lo que es —un delito sexual contra menores en entornos digitales—, los agresores seguirán operando en la sombra. Es hora de actuar con una política nacional seria, integral y protectora. Porque el silencio y la desinformación son aliados del abuso.




