Opinión

Política en clave de espectáculo: las sábanas de la precandidata

Sara Moreno Ruiz

Sara Moreno Ruiz

Columnista Invitada

Les voy a decir algo que, tal y como están las cosas hoy, puede sonar a disparate; pero creo que la gente se va a aburrir de tanto “show” mediático.

Uno de los más recientes, protagonizado por la señora Vicky Dávila, me hizo pensar en ello. ¿Cómo es posible que se burlen de semejante manera de la ciudadanía?

El viernes 2 de agosto, a las 10:10 de la mañana, desde su cuenta de X, Dávila anunció que publicaría “pruebas que todo el país quiere conocer” contra Gustavo Petro. Dicho mensaje activó la expectativa de muchos que, en chats de WhatsApp en los que participo, probablemente creyeron que se trataría de pruebas sobre la financiación de su campaña, sus vínculos con el ELN o negociados de corrupción dentro del gobierno. A pesar de que, en mi opinión, unas pruebas reveladas de semejante manera, por una precandidata a la Presidencia, no podían ser más que chismorreos.

Ciudadanos de todo tipo —y, particularmente, aquellos con rimbombantes títulos académicos— estuvieron expectantes ante las anunciadas pruebas de la precandidata.

“Este es un problema de Estado. Aquí están las pruebas que el país quería conocer contra Gustavo Petro. Se trata de seis conversaciones que permanecían en secreto y que están en poder de la Fiscalía en el expediente contra Nicolás Petro”, escribió la experiodista en su cuenta de X el 3 de agosto. Ese mismo día compartió otro trino acompañado de imágenes de los chats originales, describiéndolos como “las sábanas extraídas por la Fiscalía” y asegurando que ponía a disposición del público dicho material.

Sí, “las sábanas”, leyeron bien, refiriéndose a unos chats en poder de la Fiscalía, que a la postre supimos fueron presentados en un formato distinto al que reposa en el organismo investigador. Esto, como era de esperarse, fue usado por Nicolás Petro para desmentirlos. Además, su contenido poco o nada sirve para desacreditar a un gobierno que, en la víspera de su último año, mantiene un 30 % de aprobación.

Por eso espero —y esto era lo que les quería decir— que la ciudadanía ponga un punto final a quienes quieren vender rating y sumar votos a punta de burlarse de ella. Y que empiece a escuchar las propuestas, y a medir la capacidad y las competencias de quienes están en la carrera presidencial, motivados por un deseo genuino de servir al país. Es increíble, eso sí, que esto suene a disparate.

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