El problema no es la ley, es la cultura, señor candidato

La semana pasada fue noticia una entrevista que la periodista “Malu”, de Noticias Caracol, le hizo al candidato presidencial Abelardo De la Espriella.
Horas después, las redes sociales se llenaron del momento en el que De la Espriella acusaba a la periodista de tener malas intenciones al preguntarle por la defensa de criminales que ha hecho en su carrera como penalista, y de no saber de qué hablaba. Acto seguido, el exótico y flamante candidato puso como ejemplo los presuntos casos de acoso sexual que enfrentan un par de periodistas del canal, calificándolos como situaciones que podrían ser inmorales, pero no ilegales.
En mi juventud no se hablaba de feminismo ni de misoginia como se habla ahora. Mucho de lo segundo, de hecho, era lo normal. Ir a la playa con primos y amigos y que a ellos los motivaran a fijarse en las formas de las mujeres en vestido de baño, mientras que a nosotras no se nos permitía mirar a los hombres de la misma manera. ¿Por qué?
A los hombres los enseñaban a consumir el sexo de formas poco saludables, mientras que a las mujeres nos trataban como si hubiéramos nacido sin deseo, como si este fuera, además, inmoral. A menos, claro, que viniera legitimado por el matrimonio y la maternidad.
Gracias a muchas mujeres —y también hombres— que se han atrevido a hablar y a cuestionar, hoy entendemos que ese trato equivocado hacia unos y otras, esa obsesión con las formas femeninas fomentada para ellos y la mutilación del deseo y de la estética para ellas, es profundamente dañina.
No puede ser que un candidato a la presidencia trate con tal ligereza el hecho de que, si un acoso sexual no es ilegal, no es porque no deba serlo, sino porque aún no hemos tenido la madurez cultural para dejar de convertir la atracción y el deseo en moneda de cambio en el trabajo.




