Opinión

Lo incomprensible también pasará

Sara Moreno Ruiz

Sara Moreno Ruiz

Columnista Invitada

Advierto que esta columna puede parecer ruda, pero los animo a leer porque la vida así es. De nada nos sirve, como dice el dicho, querer tapar el sol con un dedo, si ocultarlo será inútil. En cambio, qué bien nos pueden caer su luz y su calor, si sabemos cómo acomodarnos a él.

Un par de semanas antes de mi viaje de regreso a Montreal, al hijo de Gertrudis lo internaron en el hospital por un fuerte dolor abdominal. Durante esas dos primeras semanas, el hombre estuvo en una camilla tomando morfina para aliviar el dolor, mientras esperaba su turno y los resultados de los estudios que le tenían que practicar para determinar de dónde venía el intenso dolor que padecía.

No hay nada peor en este mundo que el dolor que siente una madre al ver sufrir a su hijo. Así que me despedí de Gertrudis, deseando que los médicos encontraran pronto un alivio definitivo para su hijo.

Hace un par de días, mi mamá me contó que el hijo de Gertrudis tiene un tumor en medio de los intestinos. Justo donde se encuentran el intestino largo y el grueso. Un diagnóstico que se demoraron demasiado tiempo en determinar porque su seguro médico está quebrado. Una situación sistémica de la salud en Colombia, derivada de la corrupción y la incompetencia de sus gobiernos y la empresa privada. Una tragedia.

Debido a la misma situación del sistema de salud, el hijo de Gertrudis completa más de un mes en el hospital esperando por la operación que lo liberará del asqueroso tumor que, por estar ubicado entre el intestino grueso y el delgado, lo ha llevado a defecar por la boca. Algo que nunca hubiera imaginado posible en el extenso abanico de posibilidades del sufrimiento humano. Pues bien, hace dos días aprendí que lo es y no dejo de pensarlo. Me pregunto también cómo puede ser que, siendo posible semejante sufrimiento en esta vida, tengamos tantos caprichos. Deberíamos vivir abrazándonos todos exclusivamente. Pero no es así y esto es tan incomprensible como el sufrimiento que padece en estos momentos el hijo de Gertrudis. A la pregunta que me hago, quizás no logre nunca encontrarle respuesta.

Mientras Gertrudis y su hijo siguen esperando por esta operación en Cartagena, quisiera poder tomarlos de la mano y decirles que esto también pasará. Que el sufrimiento cesará y las sonrisas volverán. Porque nada es eterno tampoco en esta vida. Que no están solos, porque todos estamos aquí, viviendo, en un mundo que a menudo nos parece a todos incomprensible.

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