Opinión

La emoción de vivir en democracia

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

La posesión del nuevo presidente hizo que en Cali soplaran nuevos aires, eso no se puede negar. Hasta la “primera línea” con su desobediencia civil, aprovechó la oportunidad y se reunió en paz y calma en Puerto Rellena, donde hubo una jornada cultural junto al monumento, sin interrumpir el normal desarrollo del evento, que era una de las acciones más temidas por los caleños.

Día sin carro y sin moto, pero con un transporte masivo (MIO) gratuito, fueron algunas de las medidas que Cali vivió el 7 de agosto. Y aunque hubo quienes criticaron las determinaciones, la mayor parte de los caleños fuimos conscientes de la importancia que revestía para las autoridades, tener el mayor control posible sobre la ciudad. No podíamos correr el riesgo de que algún revoltoso aprovechara los reflectores sobre la Sultana del Valle, para hacer de las suyas y empañar el evento.

Cali estuvo vestida de gala y, para eso, se preparó con antelación. Como cuando se hace una fiesta en la casa, que se lavan las paredes, las cortinas, los pisos, los tapetes y se llenan a tope los dispensadores de jabón, la Sucursal del Cielo se preparó pavimentando un par de calles que estaban en mora en el sector aledaño a la Arena USC, lavando y pintando las principales zonas por donde las comitivas iban a pasar, todo para que los invitados vieran nuestra mejor cara y, obviamente, sintieran curiosidad por volver después a conocerla con mayor detalle.

Todo eso fue solamente una antesala de lo que, sin duda, es el evento no local más importante de 2026. Y digo “no local”, porque Petronio y la Feria de Cali son los que más mueven la ciudad a todo nivel y lo hacen cada año. Sin embargo, la posesión del presidente De La Espriella, deja a la Capital de la Salsa en la mira de propios y extraños para futuros eventos de talla internacional. Demostramos, nuevamente, que estamos en capacidad de ser los anfitriones de todo y para todos.

Y todo esto, cumple su cometido cuando vemos a un presidente frente a las Fuerzas Militares, hablando de orden y libertad, de recuperar la seguridad, homenajeando al asesinado Miguel Uribe Turbay y recordando que “la violencia no ha solucionado uno solo de los problemas de Colombia”. También, aclaró que la coca se combatirá con herbicidas de última generación que no afectan la salud, que respalda a la fuerza pública y que no tolerará la corrupción.

Ofreció garantías para la oposición, oportunidades con créditos para los trabajadores informales y respeto por los programas creados para los más vulnerables. Además, eliminará el impuesto al patrimonio; recuperará Ecopetrol y le apuntará, con los más altos estándares internacionales, al desarrollo del fracking sostenible.

Cree en la transición energética, pero desde la fortaleza del sector; en la educación sin adoctrinamiento y en recuperar la familia, el mérito y la disciplina. Busca devolverle a Colombia la confianza sobre sus principios y valores y aplicará todo el peso de la ley ante quien atente contra mujeres y niños.

Considera que nuestra verdadera “deuda ancestral”, es honrar a quienes nos antecedieron y no quiere que la gente se vaya del país. Sabe que su camino y el que todos debemos recorrer, no será fácil, pero hará todo para caminarlo.

Debo confesar que jamás, había visto completa una posesión presidencial, así que no puedo compararla. Pero lo que sí puedo decirles es que nunca había estado tan emocionada y expectante por la llegada de un mandatario. Eso de saber que todavía vivimos en democracia da emoción.

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