Historias

Mary Shelley, La Vida Trágica de la Madre de Frankenstein

Sandra Liliana Pinto Camacho

Sandra Liliana Pinto Camacho

Ingeniera Industrial PUJ & Administradora Hotelera AH&LA

El 1 de febrero de 1851, hace 171 años, falleció en su casa de la calle Chester Square (Londres) la escritora Mary Shelley, autora de reconocimiento internacional por su novela gótica “Frankenstein” o “El Moderno Prometeo”. La autora había desarrollado un tumor cerebral que acabó con su vida tras años de enfermedad y convalecencia.

La historia de esta famosa escritora estaría marcada por la agonía de la muerte que la acompañó desde su nacimiento con el fallecimiento de su madre en el momento mismo en que llegaba a la vida.

William Godwin, su padre, era un escritor y filósofo de ideas muy liberales para su tiempo: describía el matrimonio como “un monopolio represor”, promocionando las ideas feministas de su esposa y madre de Mary, llamada como ella, Mary Wollstonecraft, aceptando sin problemas a la hija que ésta ya tenía de una relación extramarital, algo que a los ojos de la sociedad inglesa resultaba escandaloso.

Las tragedias se repetirían en la vida de Mary de manera reiterativa: en 1814 y con apenas 17 años, quedaría embarazada de Percy Shelley, un hombre casado. Ambos se fugarían junto con Claire Clairmont, la hermanastra adolescente de Mary en lo que se describiría como una relación abierta.  Pero la aventura fue breve ya que carecían del dinero para subsistir: en menos de tres meses estaban de vuelta en Inglaterra en donde la muerte de su hija, nacida de forma prematura, la sumergió en una profunda depresión.

Sin estas tragedias no hubiera sido posible que emergiera la obra maestra de la literatura universal que la volvería famosa, ya que, en mayo de 1816, Percy decidió llevar a Mary al pueblo suizo de Cologny, en las orillas del Lago Leman, a la elegante Villa Diodati invitados por el poeta Lord Byron, que había empezado una aventura con Claire, la hermanastra de Mary, para levantarle el ánimo y sacarla del estado de depresión en el que se encontraba.

Fue entonces cuando Byron propuso al grupo que cada uno escribiera una historia de terror y aunque al comienzo a Mary no se le ocurría ninguna idea produciéndole cada vez más ansiedad, al irse a dormir de repente tuvo una visión que definió como “un siniestro terror”: “Vi al pálido estudiante de las artes prohibidas arrodillado junto a la cosa que había creado. Vi el espantoso fantasma de un hombre tendido, y luego, por obra de algún potente mecanismo, mostró signos de vida y se agitó con un movimiento inquieto y antinatural. Espantoso como era; porque sumamente espantoso sería cualquier esfuerzo humano para burlarse del mecanismo estupendo del Creador del mundo”, naciendo en este momento lo que se convertiría en “Frankenstein”.

Percy y Mary Shelly

A su regreso de Suiza la pareja se casó; así, Mary Godwin se convirtió en Mary Shelley, el nombre por el que sería recordada. El matrimonio a pesar de ser un evento que le traería dicha y tranquilidad, fue precedido por el suicidio de la anterior esposa de Percy, lo que haría parte del sino que cargaría Mary durante el resto de su vida.

Y es que la muerte no daba tregua a Mary: en 1816 se suicidó su hermana Fanny Imlay, hija de su madre antes de que se casara con Godwin. En 1818, mientras los Shelley se encontraban de viaje por Italia, su hijo William enfermó y murió; en 1819 lo haría también Clara, su tercera hija; y finalmente, en 1822, con tan solo 25 años, sufriría un aborto en el que casi perdería la vida ella misma a causa de la hemorragia. El golpe final llegaría ese mismo año, cuando Percy desapareció durante una excursión en velero; tres días después, su cuerpo aparecería en una playa de la Toscana.

Esa serie de desgracias la sumieron en una profunda depresión de la que ya nunca se recuperaría del todo. Abandonó Italia, país que le había arrebatado a su marido y a dos de sus hijos, y regresó a Inglaterra en compañía de su cuarto hijo, Percy Florence Shelley, el único que llegaría a la vejez.

Durante los años que vivió en Inglaterra, Mary Shelley había escrito todo tipo de obras: novela histórica, diarios de viaje, bibliografías, historias cortas de géneros variados y ensayos. Al mismo tiempo se dedicó a traducir y editar obras de otros autores -como Lord Byron- y a promocionar las que había escrito su marido, con más éxito del que él mismo había tenido en vida e, irónicamente, disminuyendo el suyo propio como resultado. Aunque en vida fue una escritora conocida, tras su muerte solo uno de sus libros permanecería en la memoria colectiva: Frankenstein, la historia en la que había volcado sus propios monstruos en ese verano de 1816.

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