Opinión

Misericordia con Ibagué

Nelson Germán Sánchez Pérez -Gersan-

Misericordia, no de palabras ni discursitos, como ahora lo pretenden poner de moda los politiquillos de oficio en el escenario de la opinión, si no de hechos reales. De esa que se traduce en solidaridad de actos, sucesos ciertos y que todos podemos hacer, resaltar, contribuir y muchos están llevado a cabo silenciosamente en Ibagué y el Tolima. Por eso, aprovechando que estamos ad portas de la temporada de diciembre y Navidad, deberíamos magnificar, apoyar e impulsar la misericordia.

Por ejemplo, seguir contribuyendo con ayudas o tiempo al banco de alimentos de la Arquidiócesis de Ibagué, a los ancianatos, a las ONG, los centros de acogida y fundaciones que apoyan a los migrantes, a quienes reparten comida, dan su energía y compañía a los sin techo o habitantes de calle, a los colaboradores en hogares de paso; también, a quienes están donando ropa en buenas condiciones y limpia a dichos lugares y en sitios donde se vende de segunda, que es un apoyo para quienes no tiene como adquirirla nueva.

La de muchas familias que sin tener hijos propios o pequeños, están comprando regalos, ajuares y vestimentas para donar en comunas o corregimientos a quienes sí los tienen pero no cuentan actualmente con los ingresos para abrigarlos en sus primeros días o meses de nacidos. De la misma manera, apoyar y destacar a muchas personas que hacen voluntariado.

También, esa misericordia se da al hablar con los abuelos en los hogares, quienes ayudan a vestirlos, alimentarlos, bañarlos; así como la dan quienes organizan ollas comunitarias entre los recovecos de las calles de barrios periféricos y veredas, para quienes lo están pasando mal económicamente o no tienen empleo ni ingresos que les permitan llevar un plato de comida a la mesa de su hogar.  Todos los aplausos, el apoyo y reconocimiento. Mil bendiciones por la misericordia real.

Igualmente, se puede traducir esa misericordia en comprar en el comercio local, a las firmas de aquí, a los almacenes y espacios comerciales de toda índole que están generando empleo y se siguen dando la pela en prestar un servicio y permitir que otros lleven el mercado a su casa y tengan con que pagar deudas. Así mismo, es un acto misericordioso comprar a los microempresarios nuestros, emprendedores, famiempresarios, usar los servicios de profesionales independientes que los están ofertando en esta coyuntura pandémica. Apoyar a nuestros medios de comunicación, pautando y publicitando en esta temporada decembrina.

Con lo cual, conjugamos verbos pronominales o reflexivos y no los impersonales y transitivos que tanto usan, les gustan y promueven nuestros políticos,  “líderes” o administradores públicos, es decir, en infinitivo y tercera persona del singular. Pero ¿saben qué? lo realmente importante de esa conjugación es que nosotros mayoritariamente la apliquemos en plural, para que las cosas cambien de forma cierta y en beneficio de nuestra querida ciudad y la región; para comenzar desde abajo en construcción de tejido social, a transformar la realidad de Ibagué, que como es de obvio y de público conocimiento, no es nada alentadora hoy, con la percepción de que la dejan caer a pedazos, sigue sin rumbo, con la mayor tasa de desempleo general y juvenil, la pobreza creciendo a raudales, el pequeño comercio quebrado o cerrado a gran escala. Bueno, claro que ya algunos -los de siempre- empiezan a esgrimir la misma fórmula roída de mentir, maquillar y distorsionar afirmando, por ejemplo, que la pobreza monetaria y multidimensional en Ibagué no es tan compleja ¡hágame el bendito favor! el tamaño de la irrealidad y la desfachatez.

Por eso, el antídoto que nos corresponde a la mayoría es promover y hacer muchos actos de misericordia para con nuestra región, pero especialmente con nuestra municipalidad, para con los conciudadanos y con nosotros mismos.  Por tanto, más que un sentimiento de simpatía, tener misericordia debe ser una práctica en Ibagué, porque no pueden seguir pasando días, semanas y meses en anuncios y el “fueque que fueque”, “dimes y diretes” como hasta hoy.

-Misericordia: Virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenos. (Definición de la RAE)

-Misericordia: La palabra misericordia tiene su origen en dos palabras del latín: miserere, que significa tener compasión, y cor, que significa corazón. Ser misericordioso es tener un corazón compasivo. La misericordia, junto con el gozo y la paz, son efectos del perdón; es decir, del amor. (Catholic.net).

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