Opinión

No deshumanizar, evitar ir de lo patético al horror

Nelson Germán Sánchez Pérez -Gersan-

Nelson Germán Sánchez Pérez -Gersan-

Creo que la frase: que escena tan patética, tiene hoy por hoy mucho de patética y de escena. Y lo digo por los disturbios en Colombia, porque en últimas lo que se observa es una absurda imagen de pueblo contra pueblo peleándose, agrediéndose, ofendiéndose y matándose.

Miren, cuando muchos del ESMAD, también jóvenes, se quitan ese casco tipo Darth Vader que cargan y los jóvenes protestantes se quitan esos sacos estilo beduinos que llevan sobre sus caras, quedan los rostros de lo que son: zagales agotados.  Por ello, necesario destacar que cuando se da el stop en el zafarrancho quedan colombianos mirándose y de alguna manera escuchándose sin el insulto o la actitud hostil de unos para con los otros; que ello da paso a que se asomen Procuraduría, Defensoría , Personería y Comités de Derechos Humanos haciendo de puentes, buscando diálogo entre los sudorosos, agotados, gaseados y alterados que están allí, un leve entendimiento para aplacar la zambra que no beneficia a ninguno, pero que sí afecta la convivencia, al  comercio, los manifestantes y la Policía.

Claro está, siempre salta el infiltrado, ese vándalo real que desde el montón quiere que el ánimo se vuelva a encender, “arriando” la madre, vociferando palabras de grueso calibre, lanzando una piedra hacia la tanqueta policial; o cerca a ese vehículo blindado, desde los uniformes negros, se grita viva el ESMAD, marihuaneros, vagos, ladrones, terroristas e hijos de ya saben quien, como para no permitir el consenso. Actitud de quienes pertenecen al peligroso grupúsculo -que yo he denominado- de quienes solo les interesa ver arder el mundo a su alrededor. Subespecie en el que sabemos también están ex presidentes, senadores (de todas las tendencias), banqueros, paramilitares, guerrilleros, “gente de bien” y traquetos que son los más beneficiados por mayores e inconados choques.

Por eso, es necesario valorar esos pequeños momentos de “conversación”, el gesto de un joven agitando una bandera buscando diálogo, de miembros del ESMAD que llaman a sus compañeros a dar unos pasos hacia atrás sin la impostura de defender a sangre y fuego “la institucionalidad”, esa, por demás, vacía, indolente y corrupta, gran culpable de lo que hoy pasa y de los males que nos aquejan a todos.  Destacar el lapso donde no se hace eco a eso que pareciera estar haciendo carrera en la transmisión en vivo de los disturbios –el nuevo reallity show de las redes sociales-, que desnuda una especie de gozo superlativo del sufrimiento de otros con la transmisión en directo por la pugnacidad callejera. La malsana actitud, sin interesarles si son jóvenes manifestantes o policiales los que sufren, de pedir sangre, sangre y más sangre; cual coliseo romano a un click. Eso pareciera ser lo transcendental para un grupúsculo.

Estoy convencido que pocas veces escribimos para ganar aplausos, al contrario, creo que es la forma más fácil de multiplicar malquerencias, falsos halagos y persecución, sobre todo si se hace para evidenciar malas acciones, reflexionar abiertamente contra algunos “poderosos” que se incomodan por la verdad, denunciar corrupción o por enaltecer pequeños gestos de confraternidad como los arriba descritos presentados durante una refriega ciudadana; ya que al hacerlo se sulfuran quienes no gustan de que se les lleve la contraria, de decir que es posible nadar contra corriente y no simplemente cerrar los ojos y dejarse llevar por las emociones, por lo más cómodo y por el mínimo esfuerzo mental y moral.

Por demás, tampoco se puede caer en el juego retórico y peligroso de la deshumanización, en la paranoia de los abstractos, generalizaciones, cifras, datos fríos, estadísticas y estigmatizaciones sobre los protagonistas de la manifestación o las fuerzas armadas. En el suprimir o minimizar que son personas de carne y hueso; sí, paisanos nuestros quienes están en las calles, que decidieron tomarla y convertirla en tarima del inconformismo, expresión justa y legítima del desacuerdo por cansancio con la aparente normalidad y tranquilidad hasta hoy soportadas. Todas las expresiones allí expresadas son válidas, porque las hacen colombianos con buena intención, tal vez no forma, pero sí intención. Entonces, qué hay de malo en pedir que cese la barbarie, la masacre y el silencio complaciente del Gobierno y una élite con el actuar policial; en solicitar levantar bloqueos para no seguir hundiéndose en deudas o pérdidas. En exigir más equidad y menos desigualdad económica, en poderse manifestar sin ser perseguido, desaparecido o injustamente golpeado y señalado por una autoridad oficial o en simplemente querer transitar con tranquilidad por las vías.

Por tanto, ante este escenario patético es relevante no deshumanizar al otro, mucho más hoy, cuando al parecer se quiere de nuevo forzar a una barbarie cómplice a los militares con el sofisma de defender la “institucionalidad”, la Constitución y la Ley. Uniformados que mayoritariamente en este contexto de Paro Nacional se han mantenido por encima de reclamos o apoyos al Gobierno, pero a quienes con la decisión del Presidente Duque del viernes anterior se les empuja a que apunten hacia civiles que no quieran por imposición y a ultranza reconocer un evidente mal gobierno. En estos aciagos momentos donde los militares vuelven al ruedo por una decisión política-electoral como esa, reencauchando el Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala (régimen penal especial de 1978), es más que urgente recalcar que quienes están en calle permanente o intermitentemente son hombres y mujeres de carne y hueso, seres semejantes a usted y a mí. Eso no se puede olvidar ni un segundo, porque sin duda descenderíamos de un escenario patético a uno de inenarrable horror.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
  • https://virtual4.emisorasvirtuales.com:8190/live
  • Tolima Online