Opinión

Que sí, que no…

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

El tercer día sin IVA está en pleno tire y afloje. Implementada por el Gobierno Duque con el objetivo de reactivar la economía durante la pandemia de Covid-19, esta medida ha sido calificada por el Gobierno Petro como nada benéfica para los productos nacionales y, por ello, ha sido cancelada nuevamente y, al parecer, de forma definitiva, como se acordó en las negociaciones de la Reforma Tributaria.

Ante la decisión, los comerciantes han solicitado aplicarla, pero solo a los productos nacionales, buscando continuar con el incremento en las ventas que la alta dinámica de consumo presentó en las jornadas anteriores y que ha beneficiado al restablecimiento de la economía.

Es cierto que el Gobierno Nacional tiene autonomía para tomar las decisiones que considere más convenientes, pero estar en contra de esta medida que a grandes luces ha mostrado beneficios para el comercio (por eso lo comerciantes la respaldan), se siente más como estar en contra del Gobierno anterior que a favor de las necesidades del pueblo. Y es cierto que lo que más se vende en estas jornadas son electrodomésticos y que algunas personas suelen adquirirlos con tarjetas de crédito, pero el manejo de la economía familiar es una responsabilidad individual y así el Gobierno se ponga en contra, las familias van a adquirir el producto con la misma tarjeta y con un incremento del 19 %, ¿por qué no dejarlas aprovecharlas esta oportunidad?

¿Y qué si los productos importados son los grandes líderes? ¿Acaso no están siendo comercializados por plataformas o almacenes nacionales, que se benefician de su venta? ¿Acaso no son también colombianos los vendedores, las personas que se encargan de preparar, despachar y hacer entrega de los productos?

Está bien que el Gobierno busque proteger los productos y comercios nacionales, los emprendimientos de tantos colombianos que buscan en una idea, la gran oportunidad de dejar huella y lograr un medio para el sustento de su familia, pero proponer que no se importe lo que producimos puede traer grandes inconvenientes: desabastecimiento de algunos productos porque no producimos lo que consumimos y, además, al acabarse la competencia, se acaba la regulación natural del precio. Esto, en un país como Colombia con libertad de precios, es un grave problema, pues el Gobierno no tiene la posibilidad de regulación que se acabaría al acabar con la competencia internacional.

Es importante que todas estas ideas vengan acompañadas de propuestas para proteger a la industria nacional, para impulsar su trabajo y lograr su desarrollo. Cerrando fronteras no lograremos posicionar nuestros productos internamente. En un país como el nuestro, esa medida solo será una invitación para que el contrabando continúe su crecimiento y uno que otro Ambuila florezca en el camino al sacarla partido a la situación. El verdadero deber del Gobierno Nacional es impulsar lo que tenemos, lo que hacemos bien, buscando cómo desarrollar aquellas industrias en las cuales podemos ser exitosos.

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