Opinión

Tolima de Lucas González: entre el discurso ambicioso y una realidad a medio camino

Juan David Rincón Galindo

Juan David Rincón Galindo

Comunicador Social y Periodista
Especialista en Periodismo Deportivo
Socio ACORD – Tolima
Director Tolima Online

Por ahora, el Deportes Tolima de Lucas González es un equipo en construcción. Diez fechas de Liga BetPlay – II han sido suficientes para ver destellos de lo que propone el técnico bogotano: posesión de balón, orden táctico, juego asociado. Pero también han dejado al descubierto las debilidades de un proyecto que aún no termina de cuajar, sobre todo cuando se le exige dar un paso más hacia el protagonismo.

Con un rendimiento del 56% en Liga, los números no son malos. De hecho, ha conseguido victorias de peso ante rivales como Millonarios, América y Once Caldas —a estos dos últimos como visitante—, lo cual siempre es meritorio. Pero también ha dejado puntos impensados ante equipos con menos cartel: perdió con Llaneros (recién ascendido), cayó con Pasto en la primera fecha y Santa Fe de local, y no pudo pasar del empate contra Fortaleza. Además, su eliminación en Copa BetPlay a manos de Real Cundinamarca, un equipo de la B, dejó un sabor amargo que ningún discurso puede maquillar.

Lucas González quiere que «nos vean como un equipo candidato al título a final de año», pero para eso necesita más que buenas intenciones. Su Tolima tiene la pelota, sí, pero no siempre sabe qué hacer con ella. Por momentos luce estético, pero inofensivo. Domina el juego sin traducir ese dominio en goles o resultados. Tiene lapsos de buen fútbol, pero le cuesta sostenerlo. Y lo más preocupante: en varios partidos con ventaja numérica, no ha sido capaz de imponer condiciones ni cerrar los partidos como se espera de un equipo grande.

Esa dualidad ha generado una relación tibia con la hinchada. Poco a poco, los hinchas se suben a la “lucaneta”, pero también se bajan con rapidez cuando el equipo vuelve a tropezar. Porque en Ibagué la exigencia existe, así algunos piensen lo contrario, el recuerdo de las campañas recientes pesa, y la paciencia escasea cuando el equipo no responde con resultados consistentes.

Ahora bien, no todo es reprochable. González asumió el cargo con la promesa de un proceso y una idea de juego clara. Lo está intentando. Ha demostrado capacidad táctica y un enfoque metódico, algo que puede rendir frutos si se le da continuidad. Por eso, como lo dije cuando fue anunciado como DT del ‘Vinotinto y Oro’, este año tal vez no le alcance para ser campeón. Pero si logra consolidar su proyecto, si el club le da las herramientas y él logra hacer ajustes clave, en 2026 sí debería estar peleando el título con argumentos y no solo con palabras.

Por ahora, el Tolima de Lucas González es una promesa. Una que necesita convencer, enamorar y —sobre todo— ganar con más constancia.

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