Opinión

Un hijo que pudo ser tuyo o mío

Sara Moreno Ruiz

Sara Moreno Ruiz

Columnista Invitada

Tyler Robinson, un muchacho de Utah de 22 años, es el acusado de haber disparado y causado la muerte del activista conservador Charlie Kirk.

Tyler vivía con su familia en Washington County, en el Estado de Utah. Era bueno para los exámenes estandarizados y había sido admitido en la Universidad Estatal de Utah, pero abandonó sus estudios después de un semestre. En la actualidad cursaba una carrera técnica en el Dixie Technical College. Amigos y familiares lo describen como “muy aficionado a los videojuegos”.

Un compañero de Tyler mostró mensajes en Discord en los que hablaba de recuperar un rifle de un depósito y dejarlo escondido, envuelto en una toalla. Un miembro de su familia escuchó comentarios de Robinson criticando las opiniones de Kirk, diciendo que “estaba difundiendo odio”.

Los casquillos de bala encontrados tras el asesinato de Kirk tenían inscripciones con mensajes políticos antifascistas, como “Hey fascist!” (“¡Oye, fascista!”). Otras referencias que aparecieron en los casquillos sugieren que Tyler conocía el videojuego Helldivers 2. Se ha dicho que las inscripciones en los casquillos parecían hacerle guiños a la cultura de Internet, los memes y los videojuegos.

En la entrega de Tyler estuvo involucrado un pastor juvenil, que también forma parte de una fuerza de tarea de los U.S. Marshals. Después de que el padre de Tyler sospechara que su hijo podía ser el responsable del asesinato de Kirk, y tras la confesión del propio Tyler, el pastor coordinó que se quedara en un lugar fijo para que pudiera ser localizado y arrestado.

Finalmente, Tyler fue ingresado a la cárcel de Utah County el 12 de septiembre, sin derecho a fianza. Si es encontrado culpable de asesinato agravado, podría enfrentar la pena de muerte, pues ese cargo es considerado capital en Utah en los casos especialmente graves.

Cada vez que ocurre una tragedia de este tipo, que involucra a un muchacho tan joven —casi de la edad de mis hijas—, me pregunto qué habría pasado si, al momento de nacer, Tyler hubiera sido puesto en mis brazos. ¿Qué vida habría llevado Tylor? ¿Se habría convertido también en un asesino? Yo no he sido una madre perfecta, ni lo ha sido la vida de mis hijas, ni ellas lo son, pero creo que existe una manera particular para cada niño de convertirse en un adulto saludable. Y que, cada vez que esto no sucede —como en el caso de Tyler—, en algo, como sociedad, hemos fallado.

No hay nada más importante y más urgente para la sociedad mundial que determinar cuáles son las circunstancias de vida más saludables para cada niño, de acuerdo a sus particularidades.

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