La indolente izquierda

La situación por la que atraviesa el país, principalmente en Cauca y Valle del Cauca, da miedo. Los atentados terroristas de las disidencias de las FARC cometidos el fin de semana, dejan más de 30 heridos y generan temor en la comunidad, dejando al descubierto que, como es costumbre, la temporada electoral se convierte en el caldo de cultivo perfecto de quienes buscan impactar en la tranquilidad, imponiendo su ley de terror.
Infortunadamente, mientras esto ocurre, mientras el país es atacado por diversos frentes, los líderes de izquierda parecen ver de modo diferente lo que ocurre en el territorio nacional. Al menos, eso es lo que parece con las intervenciones realizadas en redes sociales por algunos de ellos.
Por ejemplo, el presidente Petro, sin mediar comentario alguno sobre la situación de seguridad del país que dirige y en la que han fallecido compatriotas, presume una foto de la celebración de su cumpleaños (a la que tiene todo el derecho, ni más faltaba, aunque no le quede bien), junto a viejos amigos con los que estuvo en la guerrilla. La foto pudo esperar a que el primer mandatario del país se solidarizara con la situación que estaba viviendo su pueblo, pero no, esa parece carecer de trascendencia.
Pero no es el único. Otros deciden aprovechar la situación para convertirla en combustible puro. Wilson Arias y Alfredo Mondragón utilizan sus redes para culpar a la “derecha” de realizar estos ataques, como parte de una estrategia para incidir en los resultados de las elecciones, a pesar de que su partido lleva tres años y ocho meses en el Gobierno, impulsando y promoviendo la “Paz Total”, que ha permitido que muchos delincuentes condenados salgan nuevamente a las calles a continuar con su vida en el delito.
Y, para cerrar con “broche de oro”, el señor Iván Cepeda decide hablar de estos ataques terroristas como “escaramuzas”, revictimizando a los afectados, minimizando lo que ocurre en el país y evidenciando que, para él, este tipo de ataques no revisten relevancia, a pesar de la cantidad de personas afectadas, independiente de su situación o filiación política.
Colombia necesita retomar las riendas de su seguridad, de su paz. El proceso que se lleva actualmente no está arrojando los resultados esperados ni necesarios, por el contrario, está poniendo a los colombianos en situaciones tan graves, como las que padecíamos antes de que llegara la “mano firme y corazón grande” del señor Áñvaro Uribe, en el año 2002 que, de acuerdo o en desacuerdo con su impacto y beneficio, permitió a los colombianos retomar actividades como los viajes por carretera para miles de familias colombianas que, en aquel entonces, muchos consideraban “irrelevantes”, porque sólo afectaba a los ricos que iban a la finca.
Hoy, hasta los pobres pollos han vuelto a sufrir, porque los queman vivos en carretera. Y ni qué decir de tantos colombianos que necesitan desplazarse por tierra porque su economía no les permite tomar aviones para llegar a su destino. La violencia, nuevamente, es la que impide la democratización de nuestro país y nos repliega, para garantizar que sigan siendo los violentos quienes lleven la batuta. Ojalá en las urnas, los colombianos evidenciemos que hemos aprendido cuál es el futuro que queremos para nuestra amada Colombia.




