Un repaso a lo firmado

Los representantes del Partido Comunes cada día nos ofrecen más sorpresas. No deja de causarnos estupor verlos tan cómodamente sentados en unas curules que ganaron como parte del Acuerdo de Paz, mientras las bases de los reinsertados, los que de verdad están haciendo patria y cumpliendo lo acordado, están afuera, solos, tratando de salir adelante sin mayores beneficios, como ese salario de 34 millones de pesos mensuales que ganan por trabajar mucho menos.
En días pasados, el Representante a la Cámara del Partido Comunes Luis Albán, alias Marcos Calarcá, dijo que “en el acuerdo, por ninguna parte dice que hay que entregar rutas de narcotráfico porque por ninguna parte, en La Habana, se pudo demostrar que éramos narcotraficantes” y remata diciendo “Y si creen que no es cierto, lean el acuerdo para que podamos discutir sobre él”.
Pero quien debe darle un repaso a lo firmado en La Habana es el señor Calarcá, porque en la página 91 del documento, cuando se habla del compromiso efectivo de todos para erradicar los cultivos ilícitos dice “El compromiso de las FARC-EP de contribuir de manera efectiva, con la mayor determinación y de diferentes formas y mediante acciones prácticas con la solución definitiva al problema de las drogas ilícitas, y en un escenario de fin del conflicto, de poner fin a cualquier relación, que en función de la rebelión, se hubiese presentado con este fenómeno”. Y más adelante, en la 109, dice claramente “El fortalecimiento y ampliación de la cooperación regional e internacional para identificar las redes, sistemas de comercialización y rutas de las organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico” como una de las medidas “que permita el fortalecimiento y articulación de instancias y mecanismos de Investigación y judicialización de las redes criminales asociadas al narcotráfico”, aunque no tendría nada de raro que, en una salida por la tangente, resolvieran que ellos no debían cumplir esa parte del Acuerdo o que esas líneas no se referían a ellos. Porque pretender negar que las Farc eran narcotraficantes, es similar a querer negar que estaban alzados en armas y ese un sapo demasiado gordo para tenérnoslo que tragar ahora.
Claro que todo esto puede ser parte de la conveniente imperfección del Acuerdo de Paz, que hizo pasar por alto la necesidad de ser precisos y puntuales al decir, por ejemplo, algo como “El fortalecimiento y ampliación de la cooperación regional e internacional para identificar las redes, sistemas de comercialización y rutas de las Farc o cualquier otra organización criminal, dedicadas al narcotráfico”. Esas precisiones en el texto, ayudarían a que el señor Calarcá y sus compañeros no sigan por ahí negando actividades que son por todos conocidas, como el reclutamiento forzado de menores, otra de las cosas que han dicho que no hacían.
Porque para nadie es un secreto que son esas imperfecciones las que han tolerado, por ejemplo, que las zonas cocaleras no puedan combatirse y contrarrestarse, todo porque dicho Acuerdo solo permite la erradicación de cultivos en forma manual, lo que ha sido insuficiente para combatir un flagelo que, aunque no se había erradicado, iba al menos en camino a su control.
Hay que estar muy atentos, porque, al paso que vamos, los señores del Partido Comunes van a terminar negando haber estado alzados en armas, alegando que les gustaba vivir en el monte como una forma de aislarse de la sociedad y su contaminación; que las armas eran para cazar los animales que comían y que las caletas, eran unos tubérculos que solo ellos saben sembrar. ¡No puede ser que, a estas alturas del camino, nos crean tan caídos del zarzo!



