Historias

Anécdota viajera: El crucero del amor

Annie Navia

Arquitecta de profesión, viajera por vocación y soñadora a tiempo completo. Creo en el viajar como parte del aprendizaje sobre otras culturas. Escribo solo para recordar y compartir aquellas experiencias que enriquecen mis viajes y alimentan mi vida.

Para los que crecimos en los 80´s, “El crucero del amor” era un clásico de la televisión de esa época, y yo cómo buena romántica – desde pequeñita -, me encantaba verlo.

Hace un par de años tuve la fortuna de ir a un crucero de verdad. Era más un plan de solas y solo, pues íbamos mi mamá, mi tía, mis 2 hermanas, mi prima, mis 3 sobrinas, yo y por la representación del género opuesto: mi hijo.

Era un plan familiar, pero el: tuuu,tuuu… del “crucero del amor” todavía hacía eco en mis recuerdos.

El crucero llegó, y con él el paso de los días a bordo; las rutinas, los niños, las islas y un vínculo familiar cada vez más estrecho… pero no olvidemos que éramos puras viejas, así que en la noche el plan de ir al teatro, a la discoteca y a los bares era bastante tentador.

Sin embargo, a mí el sueño me llegaba muy temprano y no siempre fui participe de estas actividades nocturnas.

En una ocasión, estaba tal vez yo invadida por algo de melancolía (bah, cosas que producen la lejanía, los atardeceres y el mar), así que estando en el bar central del barco, mis hermanas, mi prima y mi sobrina grande, me preguntaron que si iría al teatro y luego a la discoteca. Yo les dije que no y en un tono bastante nostálgico, tal vez inclinando mi cabeza, y quizás con los ojos vidriosos, les respondí que yo mejor me quedaría con Didier.

¿Con quién? Preguntaron al unísono. Algunas abrieron los ojos, otras se enviaron la mano al pecho y yo mientras tanto solo pude señalarles aquello que había visto cuando bajé la mirada… ¡la foto de Didier!

Y es que yo que diablos iba a saber quién era Didier, pero en mi mesa había una foto de él indicando que era el mesero que atendía esa mesa, así que fue lo que se me ocurrió responder.

Todas se rieron y yo supuse que con eso se cerraba el asunto. Pero no… al parecer en la mente de estas maniáticas mujeres que hacen parte de mi familia, un idilio imaginario comenzó a recrearse y hasta supongo que no habrán hablado de otra cosa aquella noche.

Al día siguiente la historia de Annie y Didier ya era tendencia en la familia, y en la noche lograron averiguarle que era de Madagascar y estuvieron hablando en francés con él.

Está bien, no es lo que solía pasar en el crucero del amor, allá los romances eran reales, pero igualmente esta será una anécdota para siempre. #Annie+Didier_4ever.

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