Opinión

Crisis laboral a la inversa

Luis Carlos Rojas García

Escritor

Cuantos de nosotros hemos escuchado la frasecilla aquella que dice: “¡Tengo cualquier cantidad de hojas de vida y de gente esperando su puesto!”. Yo creo que la mayoría; sin embargo, en Canadá ocurre exactamente lo contrario. Sí, año tras año Canadá y Québec, recordemos que una cosa es Canadá y otra muy distinta es Québec, recibe a cientos de inmigrantes con diferentes estatus, los cuales van desde refugiados, trabajadores calificados, trabajadores temporales hasta estudiantes internacionales que, una vez terminados sus estudios, deciden quedarse en el país.

Sin embargo, a causa de la pandemia estas cifras disminuyeron notoriamente al punto que, en la actualidad, las empresas se la juegan toda para poder contratar. A diferencia de países como el nuestro en donde la tasa de desempleo es verdaderamente abrumadora, sino me creen pregunte en Ibagué, y todo el tiempo estamos viviendo una agonía para poder encontrar trabajo, aquí, el trabajo abunda en cada esquina.

No obstante, según algunos estudios sobre el comportamiento social frente al empleo, para los canadienses y Québécois, las ayudas del gobierno, el mismo pensamiento de la gente, el tema cultural, las nuevas formas de vida, entre otras cosas, hacen que ocurra algo similar al país del Tío Samuel en donde no todos están dispuestos a trabajar en lo que trabajan los inmigrantes; aunque, aquí el asunto de nativos esperando a que los de afuera lo hagan todo por ellos no es tan notorio como en el país vecino.

Aun así, para la temporada de cosecha se ven desfilar por los aeropuertos a ciudadanos mexicanos que tienen, tanto el permiso de trabajo como la tenacidad de venir a hacerle frente al campo; también podemos ver personas de todos los países del mundo ocupando todos esos cargos que, en sus países de origen, a lo mejor, no se atreverían ocupar.

Aquí hay un detalle importante y que se debe destacar, a diferencia de la apariencia que se tiene en Latinoamérica en donde se llega a pensar que tener un título es sinónimo de progresar, en este país todos los trabajos ayudan justamente a eso, a progresar, no importa que se barra una calle, que se trabaje en un restaurante como mesero o que se haga aseo en cualquier lugar; de hecho, esos oficios son valorados enormemente, mas, ahora en tiempos de Covid-19.

Pero, la realidad que vive actualmente el país es abrumadora y hasta un poco graciosa. Ver a las empresas inventando de todo un poco para que sus empleados no se marchen es jocoso porque uno creería que eso no pasa.

Lamentablemente, aquí también existe la informalidad, el trabajo por debajo de cuerda, Uber, que es una plataforma que definitivamente da de qué hablar, y por si fuese poco, están las ayudas gubernamentales que hacen que las personas, una gran mayoría no todas, no quieran trabajar y mucho menos durar más de un año en una empresa. No obstante, este fenómeno no siempre fue así, no, hubo un tiempo en donde conseguir trabajo en Canadá y Québec, era bastante complicado, casi como en Colombia; pero de eso hablaremos luego.

Por ahora, es interesante observar la dinámica de esta sociedad a la que muchos consideran como una de las mejores del mundo, el paraíso que llaman, pero que tiene demasiado por mostrar como esto que podemos denominar: una crisis laborar a la inversa.

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