Será en una próxima oportunidad

Falta una semana para la primera vuelta presidencial y no podemos negar que los ánimos están a punto de estallar. Las encuestas no están ayudando mucho porque cada una trae su resultado y, en lo único que son homogéneas, es en decir que el crecimiento de Cepeda se detuvo, que De la Espriella sigue creciendo y que Paloma cae pero, más allá de eso, cada una tiene sus resultados y, seguramente por su muestra, son reales.
Es cierto que la izquierda tiene el favoritismo y que la derecha, sobre todo el lado de Paloma, está más interesada en pelear con Abelardo que en sacar el país adelante con trabajo mancomunado, lo que le está dejando el camino despejado a aquellos que quieren seguir en el poder para cambiar la Constitución y perpetuarse, tal como ocurrió en Venezuela. Todavía recuerdo cuando los petristas decían “nunca llegaremos allá” y hoy, es innegable que estamos en ruta.
Y lo más triste de todo esto, al menos para mí, es sentir que las mujeres perdimos una gran oportunidad: tener la primera mujer como presidente de Colombia. Porque nadie puede negar que, al lanzar su candidatura, con todo y los traspiés que trajo el método de su elección interna en el Centro Democrático, Paloma Valencia era la más opcionada. Venía de superar a otras dos mujeres con gran capacidad, pero menor popularidad. Y supo hacer lo propio al unirse a la Gran Consulta, demostrando que estaba dispuesta, primero que todo, a trabajar por Colombia. Hasta ese punto era ganadora.
Después tuvo la mala idea de convertirse en “dueña y señora” de su candidatura, olvidando que su razón para estar en contienda eran Colombia y los colombianos… Y remató con la elección de Oviedo como fórmula vicepresidencial, a pesar de tener a su lado gente de mayor experiencia y conocimiento de lo público.
Pero lo que falló no fue la escogencia de Oviedo, lo que falló fue lo que Oviedo comenzó a comunicar desde que fue elegido. Muchos veíamos en Oviedo un hombre técnico, capaz, conocedor del país y de lo que le convenía para lograr su desarrollo y la salida del hueco en que nos deja este desgobierno. Infortunadamente, él decidió mostrarse y venderse como alguien que había ganado el derecho a ser vicepresidente por ser gay, no por su conocimiento y ese se convirtió en su principal error. Presentarse como alguien superfluo que reparte periodicazos, en vez de traer a la mesa propuestas claras y contundentes que le hicieran ver a los colombianos su gran capacidad, fue su error.
Una razón similar es la que hizo que la llegada de Aida Quilcué a la campaña de Cepeda no aportara, ni en votos ni en propuestas. Una mujer que se ha mostrado aguerrida ante su comunidad, por ser cofundadora y representante legal del CRIC, esa organización que hoy, es vista por muchos colombianos como una oportunidad para que las comunidades indígenas consigan tierras a través de la presión, no es quizás, lo que buscan los y, sobre todo, las colombianas de izquierda, como representación.
La mujer colombiana es luchadora, fuerte por y para ella misma y su familia, por lo que no creo que se vea representada en una mujer que, aunque ha liderado hábilmente a su comunidad, no ha logrado sacar adelante proyectos reales que vayan en favor del verdadero desarrollo, como podría ser la mejora en la producción de sus tierras, becas de estudio para quienes lo deseen o algo de apoyo económico para emprendimientos… Pero, hasta hoy, no hemos visto nada de eso. Ni siquiera ha sido capaz de ir al Cauca a liderar la pacificación de los enfrentamientos entre Nasa y Misak, está sentada esperando a que, como corresponde, sea el Gobierno Nacional quien lo haga, pero, como sabemos, eso tampoco pasará, porque aquello de pacificar realmente, no se le da a este gobierno.
Bueno, confiemos en que el próximo gobierno sí le dé una oportunidad real a las mujeres, no como el actual que nombró a una vicepresidenta sólo para calmar los ánimos y, después, la dejó sola y le quitó el apoyo… y ella se dejó.




