Opinión

Hay Julianas pero también hay Aídas

Sara Moreno Ruiz

Sara Moreno Ruiz

Columnista Invitada

A propósito de la última portada de la revista Semana, en la que aparece Juliana Guerrero, la jovencísima mujer de Codazzi, apenas un año mayor que mi hija, acusada de ser, junto a su hermana, la líder de una red de corrupción que tramitaba coimas en el gobierno de Gustavo Petro. ¡Vaya empresa!

La desafortunada empresa que presuntamente lideraba Juliana me recordó una época en la que traté de ser cajera de Conavi, una corporación de ahorros muy reconocida en Colombia por la abejita de su logo y sus cajeras “bonitas”. O, hermosas. Como dijo de Juliana nuestro flamante presidente de Colombia, quien presume ser de izquierda hasta que, como cualquier jurado de un concurso de ganado —digo, de belleza—, clasifica a las mujeres de feas, supone uno, a hermosas. ¡Descarado!

Creo que hice la prueba de entrada a Conavi como tres veces y, supuestamente, nunca la pasé. Mi sospecha es que la prueba que en realidad no pasaba era la de las curvas. Para ser cajera de Conavi había que tener “perfil comercial”. Como el de las jóvenes que contratan para los congresos en Cartagena.

Una vez, o tal vez dos, me contrataron para uno de esos congresos; creo que porque la que estaba contratando era amiga mía y se hizo de la vista gorda con los centímetros de estatura y de caderas que me hacían falta para pasar “la curva”. Recuerdo que pagaban la hora muy bien. En uno o dos fines de semana uno se podía hacer un salario mínimo. Nada mal para una estudiante que requería vestidos y zapatos a la moda para salir con las amigas el fin de semana.

De esos congresos uno salía con invitaciones a comer de señores que vaya Dios a saber qué esperaban de esas comidas, porque no era que hubiera negocios en común con ellos. Lo cierto es que de esa manera decorativa de ver a las mujeres, de la que ya está visto que no se salva ni el primer presidente de izquierda de Colombia, es de donde también surgen las Julianas. No se nos olvide que también hay Aídas. La Representante por la Cámara del Atlántico acusada de liderar una red de compra de votos que se fugó de la cárcel durante una consulta odontológica.

Mujeres, dizque hermosas, que acaban enredadas en los negocios o, más bien, en los desfalcos de la política.

Aquí no creo que tenga que dar muchas explicaciones. Todos sabemos cómo funciona un mundo (el nuestro) en el que los niños y las niñas crecen creyendo que hay mujeres feas y mujeres hermosas, y que tener plata y cosas, como vestidos y zapatos, te hace más valioso que otros.

¿Cómo vamos a cambiar ese mundo, tan injusto para los niños y tan vergonzoso para los adultos?

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