Gobernar desde el debate: una apuesta por Paloma Valencia

Quienes me leen en esta columna saben que siempre estuve de acuerdo con la posibilidad —y la necesidad— de agrupar distintas vertientes de pensamiento en la denominada Gran Consulta, así como con la idea de superar la división para dar lugar al debate ideológico.
Así mismo, en esta columna y en otros espacios, he manifestado varias inquietudes sobre “el centro político”. He dicho que, antes de escuchar sobre este último, solo conocía dos corrientes políticas: la conservadora y la liberal. Y que me autodenominaba liberal, en el sentido en el que creo que nuevas formas de ser y de hacer las cosas son posibles y necesarias, y deben debatirse; en cuanto a mi manera de ver al ser humano y al resto de la naturaleza, como igualmente valiosos; y en la necesidad de reivindicar el valor de muchos de ellos, ignorados e incluso maltratados.
Todo esto, considerando y respetando que hay quienes, por el contrario, creen que las formas ya establecidas de ser, de hacer las cosas y de valorar a los individuos son correctas en general, y deben protegerse.
En ese contexto del pensamiento político, “el centro”, para mí, parecía no ser ni lo uno ni lo otro, sino algo distinto que nunca terminé de entender. Sin embargo, si se trata de poner sobre la misma mesa todas las posiciones, debatirlas con responsabilidad y elegir democráticamente las que se consideren más convenientes, entonces mi opinión es que ni el pensamiento conservador ni el liberal deben dividirnos sino, por el contrario, reunirnos en una misma mesa. Y que “el centro”, superadas la Revolución Francesa y otras luchas ideológicas, y entendido como esa mesa, debería constituir la nueva forma de gobernar.
Eso es lo que para mí representa la Gran Coalición de gobierno que encabeza Paloma Valencia. ¿Que ella es uribista y conservadora? Sí; pero dentro de esa coalición hay quienes representan otras formas de pensamiento con las que tendrá que debatir. ¿Dónde? En sus consejos ministeriales, por ejemplo, donde habría representación de las distintas corrientes.
Paloma Valencia no era mi candidata en la consulta. Mi candidato era Juan Manuel Galán, quien para mí representa las ideas liberales con las que me identifico. Sin embargo, Paloma no es una mujer arrogante ni soberbia. Por el contrario, en esta campaña ha demostrado gran humildad. Eso no quiere decir que no defienda sus posiciones con vehemencia, sino que está dispuesta a escuchar. Paloma no es una mujer autoritaria; es una mujer razonable, una política estudiosa y juiciosa que conoce el funcionamiento del Estado, respeta sus instituciones y es leal a sus compromisos. El más reciente que ha adquirido es el de gobernar a Colombia en nombre de una coalición para la cual, en efecto, eligió a alguien distinto como vicepresidente.
Iván Cepeda, a quien le reconozco una carrera política coherente, desafortunadamente representa una forma de pensar y de hacer las cosas que genera grandes rechazos. Colombia no necesita eso. Colombia necesita consensos para avanzar en la seguridad, el desarrollo económico y el bienestar de todos los colombianos.
A Abelardo de la Espriella, el otro favorito, a pesar de su gran acogida mediática, no le veo ningún mérito para gobernar, más allá del estilo de su barba, que pretende asemejarse al de Nayib Bukele, un mandatario que se ha excedido en el poder, amenazando la democracia de su país y convirtiéndolo, junto con la región, en una bomba de tiempo. Como ya nos ha mostrado la historia que suele ocurrir después de un líder autoritario.
Votaré por Paloma Valencia este 31 de mayo, convencida de que es lo que más le conviene a Colombia para avanzar.



