Opinión

Cual Masacres en Texas

Luis Carlos Rojas García

Luis Carlos Rojas García

Escritor

Hubo un tiempo en el cual el cine terror nos causaba, literalmente, terror, al punto que no podíamos dormir y si lo hacíamos teníamos pesadillas. Era tan espantoso que no respetaba a los grandes y uno podía ver la cara de susto de todos en la casa. Ahora bien, dentro de la lista de películas e incluso series de dicho género, encontramos una gran variedad, desde sujetos con garras diabólicas que aparecían en los sueños, vampiros, Zombis, hombres lobo, payasos asesinos, arañas, pájaros, asesinos enmascarados, muñecas poseídas y demás, hasta las más recientes historias relacionadas con las nuevas tecnologías, llegando incluso a tener en cuenta aplicaciones como Zoom o redes sociales como Facebook para recrear las ya no tan aterradoras películas.

Por supuesto, y como ya lo digo con antelación, en aquellos días, todas estas ficciones nos ponían los pelos de punta a lo mejor porque, de una u otra manera y pese a que la violencia y la barbarie siempre han existido, no nos habíamos acostumbrado tanto a presenciar el horror y la crueldad de la vida real como lo hemos hecho ahora que si queremos ver cualquier tipo de violencia tan solo damos un clic y listo.

En aquellos días el asunto de ver este tipo de escenas no era tan fácil, incluso uno tenía que, o ir al cine o alquilar la película en la tienda de vídeo y en verdad era todo un proceso para que se la alquilaran a uno, con multa y todo. Recuerdo que una de esas películas que causó polémica fue Masacre en Texas, la cual se caracterizó por su taquilla y por su historia visceral que no era apta para todo el mundo, llegando incluso a ser censurada en varios países.

Por supuesto, Masacre en Texas es un agradable paseo al lado de Saw o Juegos Macabros como la conocen muchos y ni hablar de títulos como Holocausto Canibal, El ciempiés Humanos, algunas relacionadas con los Nazis y ni mencionar la espantosa película de género Gore: A Serbian Film, entre otras que, rallan en la demencia de sus directores y de los mismos actores que tienen coraje para rodar algo así.

Como sea, el cine terror y sus derivados han tenido una evolución bastante interesante y a veces drástica; sin embargo, nada, absolutamente nada de lo que podamos ver y sentir con el cine supera la realidad que vivimos y que experimentamos, algunos detrás de la pantalla y otros en directo, en el lugar de la masacre, escapando de sus verdugos o simplemente muriendo en manos de los mismos.

Como para hacernos a una idea de lo que aquí hablamos, basta con echar una mirada muy superficial a la casa del tío Samuel en donde abundan los asesinos seriales o, personas del común, que un día se levantan de mal humor y alimentados por todas esas ideas que a veces ven en las pantallas y que conocen a profundidad porque ya ha pasado antes, van a la tienda más cercana, compran su arma favorita y salen de cacería y no precisamente de animales.

Por supuesto, esto no es solo cosa de gringos, no, en otros países también hacen de las suyas y de qué manera. Para infortunio nuestro Colombia no es la excepción, al punto que uno comienza a preguntarse ¿Qué hay detrás de todas estás masacres que ahora no son exclusivas de líderes sociales, de campesinos o indígenas?

Ninguna de las anteriores películas se puede comparar con el terror que vive el país y su gente desde hace ya tantos años y que hoy en día se ha vuelto a reactivas como si se tratase de un mandado a la tienda para comprar los mil pesos de pan y los tres huevos del desayuno. La situación es tan insólita que hemos llegado a un estado en donde cualquier grupo de personas, niños, mujeres, adolescentes, universitarios, católicos, cristianos o lo que sean, sirven para ser parte de estas películas de terror en donde nadie sale vivo.

Por si fuera poco, se le sigue restando importancia a dichas masacres en los medios. Tal vez esto último es lo más delicado y no es para menos; no es posible que sigan asesinando a personas y los medios de comunicación se empeñen en hablar de otras cosas, incluso, pareciera que la farándula tiene más peso que un grupo de niños degollados o los adolescentes y universitarios que corrieron con igual suerte cual masacres en Texas. Obviamente no ha de faltar que mañana los reseñen como grupos delincuenciales y se acabó.

Las historias reales de la barbarie colombiana parecen no tener fin. Tienen secuelas, precuelas, remakes, cortometrajes y hasta videojuegos que apuntan a lo mismo y que nos causan más terror y pesadillas que cualquier película del género en mención. Tal vez por eso, hoy en día, ir al cine a ver a Annabelle, El conjuro y hasta el mismo remake de Masacre en Texas no es más que pura diversión.

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