Cuando la indignación cambia de orilla: infancias atrapadas en una guerra que no sabemos resolver

El diez de noviembre pasado nos enteramos del bombardeo contra las disidencias de las Farc comandadas por alias Iván Mordisco, en el que fueron asesinados quince menores de edad.
Cuando en el gobierno de Iván Duque ocurrió un episodio similar, el entonces opositor Gustavo Petro calificó al gobierno de Duque de asesino. A todos nos indigna que los niños mueran en la guerra. Pero ahora vemos que aquella tragedia no era la consecuencia exclusiva de un gobierno de derecha, como se insinuaba tras aquel episodio del gobierno anterior.
Días después de conocerse la noticia del bombardeo, Alejandro Gaviria publicó un mensaje en X en el que advertía a los candidatos presidenciales que fueran responsables con sus críticas. No querrían encontrarse, más adelante, en la misma posición en la que hoy está Petro: tratando de justificar una situación que él mismo criticó sin contemplaciones durante el gobierno de Duque, y que ahora enfrenta de manera prácticamente idéntica en el suyo. Se trata de situaciones difíciles, que trascienden a los gobernantes y a sus ideologías, y que se originan en problemas de fondo que no hemos sido capaces de resolver.
Sobre esos problemas de fondo debimos discutir cuando esto ocurrió durante el gobierno de Iván Duque, y ahora que vuelve a suceder bajo el gobierno de Gustavo Petro. Retomando la advertencia de Gaviria, sobre esos problemas de fondo deben hablar los actuales candidatos a la presidencia.
¿Cuáles son esos problemas? Para mí hay uno que los engloba a todos: Colombia no ha tenido un desarrollo económico sólido ni justo. Por el contrario, el país ha avanzado de manera precaria y profundamente desigual. Decía Juan Manuel Galán que tenemos 25 años para no convertirnos en un país viejo y pobre.
Ojalá logremos un debate presidencial a la altura de las necesidades del país y de los niños que mueren como carnada en la guerra.




