Cuentas sin saldar

El pasado sábado en la mañana, falleció en Medellín la senadora Piedad Córdoba y no puedo negar que considero su deceso en la impunidad, una gran falla de la justicia colombiana.
Esta mujer estuvo envuelta en infinidad de escándalos que han involucrado a la guerrilla colombiana, gracias a que dedicó su vida a hacernos creer que solo trabajaba por la paz, la reconciliación y la libertad, aunque los hechos y la historia han contado otra cosa.
Como le ocurrió a la excandidata presidencial Íngrid Betancourt, quién estuvo más de 6 años secuestrada por las FARC y, al salir de cautiverio gracias a la Operación Jaque del Gobierno Uribe, descubrió que la senadora, quien se había convertido en cercana a su familia, a su madre, a quien consoló durante el secuestro, no solo no abogó porque recuperara su libertad, si no que, gracias a su cercanía con la guerrilla, Córdoba fue quien decidió que no debía ser liberada. En algunas esferas de la política, se decía que la labor de la senadora era posicionar a la guerrilla en el Estado, cosa que hoy, gracias al proceso de paz con las FARC, está resuelto.
Piedad Córdoba fue una mujer cercana a dictadores de América Latina, principalmente a Hugo Chávez y Nicolás Maduro de Venezuela, a Rafael Correa de Ecuador, además, era cercana al Secretariado de las FARC, lo que le permitió mantenerse vigente en la política, incluso, a pesar de que el procurador Alejandro Ordóñez la inhabilitó en 2010 para ocupar cargos públicos por 18 años, por auxiliar a la guerrilla.
Y es que, aunque el presidente Petro considere que se «la trataba como una criminal», como lo manifestó en su cuenta de X, debemos recordar que la senadora tenía varios procesos con la justicia. El más reciente de ellos, el que llevó a su hermano hacia la extradición a los Estados Unidos por narcotráfico, en donde se declaró culpable en días pasados. Este capítulo podía haber terminado mal para la senadora, debido a que la vinculaba directamente con la red de narcotráfico a la que pertenecía o hizo pertenecer a su hermano.
El fallecimiento de Piedad deja muchas cuentas sin saldar. Ya no podremos saber a ciencia cierta, para qué era el dinero que traía hacia Bogotá en el turbante cuando fue capturada en Honduras, ni qué incidencia tuvo en los malos negocios hechos por su hermano. Más de 15 años de investigaciones quedaron en veremos y más de un afectado, sin respuestas. Aunque no estaría de más que la Fiscalía corroborara el deceso y nos compartiera un acta de defunción de medicina legal o algún documento que certifique la muerte de la señora, porque los casos de resucitación en la izquierda colombiana, son varios.
La procesión por Chocó, Bogotá y Medellín a la que someterán su cuerpo, es una clara muestra de que, en nuestro país, la apología al delito es la vitamina que se mantiene y nos mantiene activos. Si no, recordemos las multitudes que, desconsoladas, lloraron por la muerte de Pablo Escobar.



