Defensa a la Monarquía
Los sabios hablan porque tienen algo que decir; los tontos porque tienen que decir algo.”
– Platón
La muerte de la reina más longeva de la monarquía inglesa en toda su milenaria historia ha desplegado una cobertura internacional sin antecedentes que pareciera se prolongará por varias semanas siendo respondida por la realizada por los medios de comunicación colombianos en los que hemos visto como su trascendental figura ha sido comparada hasta con nuestra, también motivo de orgullo, bandeja paisa.
Llama la atención igualmente el “parroquianismo” de quienes en las redes sociales han descalificado a quienes osan reconocer el papel trascendental de Isabel II quien, como bien lo dijo la recién elegida Primera Ministra británica Liz Truss al anunciar su deceso, fue una “Roca” sobre la que se construyó la Gran Bretaña moderna de hoy.
Un país como el nuestro, que algunos despectivamente llaman “el platanal”, en el que nos hemos acostumbrado a que se cambie de norte cada cuatro años, con la llegada de cada nuevo presidente; en el que la consciencia del electorado es vendida al mejor postor incluso hasta por un tamal y en el que apenas nos estamos reconociendo y respetando como diferentes después de más de sesenta años de matarnos entre nosotros mismos, es lógico que el modelo monárquico nos sea ajeno y hasta incomprensible.
Aristocles, por milenios conocido como Platón, fue uno de los tres principales filósofos de la Grecia antigua junto con su maestro Sócrates y su alumno Aristóteles.
Hace 2.400 años en los diálogos incluidos en su libro VI de la «República» debatía acerca de la naturaleza de los regímenes y las razones por las cuales uno es superior a otro. Su preferencia era por el gobierno de la aristocracia, «el gobierno de los mejores», aquellos que durante toda su vida se prepararían para ejercer el liderazgo garantizando que tomarán decisiones sabias para la sociedad. Es éste el caso de la monarquía.
Sin embargo, como también escribiría Platón, «a medida que los ricos se hacen cada vez más ricos, cuanto más piensan en hacer una fortuna, menos piensan en la virtud«, por lo que su mayor riesgo sería terminar convertido en una oligarquía, o “el gobierno de unos pocos” que pervertidos por los privilegios, el ocio y la riqueza, con el pasar del tiempo sólo se preocuparían por mantener su statu quo dejando de lado la probidad necesaria en un gobernante.
Al crecer la desigualdad, los pobres incultos terminarían superando en número a los acaudalados y eventualmente derrocarían a los oligarcas colapsando en una democracia, “el gobierno del pueblo” y la peor de las tres formas de gobierno.
Para Platón toda democracia origina la tiranía cuando la primera se degrada y corrompe: “la dictadura surge naturalmente de la democracia, como la forma más agravada de tiranía y esclavitud de la libertad más extrema”.
Es un proceso natural que ocurre cuando el gobernante, que no se encuentra preparado para gobernar, para obtener el apoyo de los ciudadanos aparenta ser benévolo, escuchar y ayudar a todas las personas con las que se va encontrando en su día a día. Después, lleva a su pueblo a participar en guerras que deben ser financiadas con el aumento de los impuestos, asfixiando a la población y obligándolos a dedicarse más a sus vidas evitando que conspiren contra él. Finalmente va purgando a todos sus opositores y detractores para consolidarse en el poder: “Cuando el tirano se ha deshecho de enemigos extranjeros por conquista o tratado, y no hay nada más que temer de ellos, entonces siempre está provocando alguna guerra u otra, para que el pueblo pueda requerir un líder”.

Twitter @ElJuliSastoque
En los tiempos modernos resulta fácil a la distancia reconocer a los tiranos, sin embargo, cuando se encuentran en nuestros gobiernos locales, nos resulta más difícil despojarlos de su vestido de oveja para exponer sus oscuras intenciones.
Muchos de ellos nos han llevado a luchas ideológicas sangrientas e incluso a que algunos hayan tenido que renunciar a sus comodidades para vivir por años como guerrilleros en medio de la selva. Otros han manipulado los medios de comunicación a su conveniencia manteniéndose en el poder sin preocuparse por aliviar las profundas necesidades de su pueblo. Otros han llegado a incrementar sus propias arcas entregando contratos jugosos a sus amigos, quienes no han tenido ni vergüenza ni castigo al robarse de frente estos recursos. Algunos más han ordenado a quienes deben proteger, que reprendan el legítimo derecho a manifestarte de manera violenta, asesinando incluso a inocentes.
La democracia no es perfecta, dirán algunos. Otros dirán que mantener una monarquía con sus impuestos es un despropósito. Seguro que el dialogo comenzado por Platón hace miles de años continuará por otros tantos más y no llegaremos, como humanidad, a ponernos de acuerdo sobre la mejor forma de gobierno. Sin embargo, invito a todos aquellos que con sus agresivos comentarios demuestran su desconocimiento a que como diría también Platón:
“Debemos volar de la tierra al cielo tan rápido como podamos; y volar es llegar a ser como Dios, en la medida de lo posible; y llegar a ser como él es llegar a ser santo, justo y sabio.”




