Deportes Tolima a puerta cerrada: cuando la protesta deja de ser fútbol

Hay momentos en los que el fútbol deja de ser solamente fútbol. Lo que ocurrirá este lunes en el Manuel Murillo Toro, con Deportes Tolima y Cúcuta Deportivo jugando a puerta cerrada, es uno de ellos.
La decisión no es menor. Según el acta de la Comisión Local de Fútbol conocida por Tolima Online, el club advirtió sobre informaciones que invitaban a invadir el terreno de juego y agredir a integrantes del plantel, con el propósito de provocar sanciones contra el equipo. Ante ese escenario, la Comisión aprobó por unanimidad jugar sin público.
Entiendo la frustración de la hinchada. El Tolima quedó eliminado de la Copa BetPlay frente al Deportes Quindío en una serie que terminó 3-3 y se definió por penaltis, después de un polémico cobro en el cierre del partido. Después llegó la eliminación de la Libertadores ante Independiente del Valle, con un global de 4-1.
También comprendo las preguntas sobre la conformación del plantel, el proyecto deportivo y las decisiones de la dirigencia. Una afición que acompaña, paga y sostiene emocionalmente a su equipo tiene derecho a exigir resultados y explicaciones, es más como pediodista y director de Tolima Online he cuestionado en los espacios correspondientes y con el respeto que me merecen las personas y la institución las situaciones que se están viviendo, tanto que para muchos hinchas, en del Deportes Tolima, Manuel Rojas, Tolima Online y yo somos unos tales por cuales.
Pero una cosa es protestar y otra muy diferente es amenazar, agredir o intentar invadir una cancha. Ahí debe existir una línea roja.
Y hay algo más que me preocupa. He conocido una versión según la cual detrás de una eventual protesta podrían aparecer personas vinculadas a sectores que pretenderían trasladar el escenario deportivo a una confrontación política contra el Gobierno nacional y departamental. No tengo elementos para afirmar que eso sea cierto, y precisamente por eso no sería responsable presentarlo como un hecho.
Lo que sí considero indispensable es que cualquier infiltración, si llegara a comprobarse, sea investigada. Una protesta legítima pierde toda legitimidad cuando es utilizada para generar violencia o desorden.
El Tolima ya enfrenta problemas demasiado serios. Los incendios forestales y la lucha contra la minería ilegal exigen instituciones fuertes y ciudadanos responsables. De hecho, autoridades nacionales han advertido sobre posibles manos criminales detrás de algunos incendios, mientras en el departamento continúan operaciones contra estructuras dedicadas a la minería ilegal.
Por eso, mi posición es sencilla: se puede cuestionar al presidente del club, al técnico, a los jugadores y al Gobierno; lo que nunca debe cuestionarse mediante violencia es el Estado de derecho.
El fútbol puede ser escenario de inconformidad. Jamás debería convertirse en excusa para incendiar, destruir o agredir.
Porque cuando una protesta deportiva termina afectando a trabajadores, familias, instituciones o bienes públicos, ya no estamos hablando de pasión: estamos hablando de un problema que nos afecta a todos por igual, llegando a ser demasiado grave, no se trata de moralismos baratos, se trata de respeto, es que mucho hace rato perdieron por los demás.




