Opinión

Desnutrición la otra pandemia

Andrés Currea H.

Comunicador Social

Según datos oficiales del primer semestre, con corte al 6 de junio, en promedio cada dos días muere en Colombia un niño menor de 5 años por desnutrición.

Aparte de los graves problemas sociales y económicos que se registran por causa de la pandemia del covid-19 se registra una tragedia de grandes proporciones causada por la pobreza extrema que crece sin control en Colombia, la desnutrición.

Las imágenes que conocemos de países africanos azotados por la hambruna, los niños famélicos que no se pueden mover y son pisoteados por moscas, se registran más cerca de lo que creemos. La desnutrición infantil se convierte en la segunda causa de muerte infantil en el país y al Gobierno Nacional parece no importarle.

No solo en la Guajira, los indígenas Wayú, sufren esta tragedia. En varias zonas del país los niños se mueren en silencio. La estadística es aterradora, cada dos días muere un niño menor de 5 años, es inaceptable que este ocurriendo esta desgracia y nadie haga algo. Parece ser que la estrategia del Gobierno Nacional, “De cero a Siempre” no ha funcionado, y sus millonarios recursos han parado en las manos equivocadas, o mejor, en los bolsillos equivocados.

La corrupción es indudablemente la madre de los males en Colombia. Inadmisible desde todo punto de vista que los recursos para la seguridad alimentaria de los niños se desvíen y no lleguen a los menores que mueren por inanición. Es un pecado mortal lucrarse del dinero que es destinado para suplir la necesidad básica de la alimentación de los niños.

La desnutrición crónica impacta de manera prolongada la salud general y el desarrollo de los niños, principalmente el crecimiento cerebral y su capacidad cognitiva de aprendizaje, lo cual se traduce en más pobreza a largo plazo, lo que lo vuelve un problema cíclico, según información de la Sociedad Colombiana de Pediatría (SCP).

De acuerdo con Unicef, la desnutrición crónica, que se diagnostica cuando la talla y el peso no corresponden a la edad de la persona, está asociada a situaciones de pobreza, y tiene un enorme impacto en el desarrollo.

El Ministerio de Salud y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf)  expusieron un plan en el que trabajan y que contiene cinco líneas de acción: intensificación de la vigilancia epidemiológica, fortalecimiento de la captación de casos para rescatar niños afectados, desarrollo de capacidades para atender mejor los casos desde los servicios de salud y garantizar que cuando el infante retorne a su casa esté mejor nutrido y fuera de riesgo, mantener el monitoreo sobre la atención de los menores en todos sus ámbitos y abordaje intersectorial de la problemática, pero parece que no ha sido de gran ayuda, pues las cifras de desnutrición aumentan ostensiblemente, al igual que las muertes que causa.

De acuerdo con cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en América Latina y el Caribe se estiman niveles de pérdida y desperdicio cercanos al 34% de los alimentos producidos, lo que representa 127 millones de toneladas de desperdicios al año, equivalentes a un promedio de 223 kilogramos por persona.

Mientras que un Gobierno piense primero en gastar miles de millones de pesos en compra de vehículos nuevos, en viajes privados en el avión presidencial, en publicidad para el Presidente y en cientos de cosas que nos son prioritarias, es imposible generar desarrollo social y económico, es imposible generar equidad y reducir las brechas sociales.

Así es imposible salir adelante.

Con información: elmundo.com

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Botón volver arriba