Opinión

El Desafío de las Fuerzas Armadas de Colombia ante las Disidencias y Grupos Armados Ilegales

Juan David Rincón Galindo

Juan David Rincón Galindo

Comunicador Social y Periodista
Especialista en Periodismo Deportivo
Socio ACORD – Tolima
Director Tolima Online

La situación de seguridad en Colombia sigue siendo crítica. A pesar de los esfuerzos visibles de las Fuerzas Armadas en la lucha contra las disidencias de las FARC, el ELN, el Clan del Golfo y otros generadores de violencia, los resultados operativos a menudo se quedan cortos frente a la realidad que vive el país. Incautaciones de drogas y operativos destacados no son suficientes cuando la violencia y los atentados contra la fuerza pública y la sociedad continúan al alza.

En un momento en que la percepción de seguridad es fundamental para el desarrollo social y económico, las autoridades deben enfocarse no solo en las cifras de incautaciones, sino también en la efectividad de sus acciones. La lucha contra el narcotráfico es crucial, pero no puede ser el único enfoque cuando los grupos armados siguen atacando impunemente. Esto plantea una inquietante pregunta: ¿el gobierno de Gustavo Petro tiene realmente la voluntad política y los pantalones para enfrentar a estos grupos armados ilegales?

Los hechos recientes muestran un aumento en los ataques armados y las amenazas a líderes sociales y comunitarios, lo que indica que la estrategia actual requiere ajustes. La seguridad no se logra únicamente con incautaciones, sino a través de una estrategia integral que contemple la desarticulación de estas organizaciones. Esto implica no solo acciones militares, sino también un enfoque en la recuperación de territorios y la construcción de confianza con las comunidades afectadas.

Además, es fundamental que la administración actual no ignore las raíces del conflicto. La falta de oportunidades y la exclusión social son terreno fértil para que estos grupos prosperen. Por lo tanto, una respuesta efectiva debe incluir políticas de desarrollo social que ofrezcan alternativas a las comunidades que hoy se ven obligadas a vivir bajo el yugo de la violencia.

El camino hacia la paz y la seguridad en Colombia es complejo y requiere un compromiso inquebrantable por parte del gobierno. No basta con que las Fuerzas Armadas continúen mostrando resultados operativos; es imperativo que se articulen esfuerzos en múltiples frentes para garantizar que estas acciones no sean solo un ejercicio de comunicación, sino un paso real hacia la construcción de un país más seguro.

Ya uno no sabe si la orden desde la Casa de Nariño es atacar el narcotráfico y dejar tranquilos a los guerrilleros que atacan a la comunidad y a las unidades militares.

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