Historias

EL DESPISTE

Martha Lucía Barbieri

Comunicadora Social -Yo soy la que soy –

Un despistado día, una persona muy cercana fue a su trabajo luciendo zapatos completamente diferentes en cada pie. A pesar de que el estilo, la forma del tacón, el color y el material eran distintos, ella estuvo horas sin darse cuenta hasta que alguien de manera amable le hizo notar su distracción. Tranquila y sin complejos dejó transcurrir el resto del día y luciendo su moda por los largos pasillos del lugar en donde trabajaba, se cuestionaba sobre su falta de atención.

Sé de alguien que, en alguna ocasión, lanzó su teléfono móvil por el ducto de basuras, después de varias horas tratando de recordar en dónde había perdido el aparato, decidió ir a buscar a la cámara de recolección de su edificio en donde lo halló justamente por el sonido que emitía. Esa misma persona, olvidó alguna vez en un asiento de un parque de diversiones su maletín personal con pasaportes y dinero y también en algún momento viajó olvidando empacar su ropa interior.

De los varios casos que conozco, la cereza del pastel la tiene una entrañable mujer que hace muchos años en un viaje internacional, envió sin notar su estuche guardajoyas por bodega en una maleta sin llave. No entraré en detalle sobre las alhajas perdidas que ella decidió no llevar puestas para ese vuelo, pero sí diré que prefirió usar collares de abalorios colgando de su cuello, chaquiras en las muñecas, aretes luminosos y anillos artesanales en sus dedos, mientras tanto, sus joyas iban a manos de alguien menos despistado ¡vaya ligereza!

Muchos hemos pasado por distracciones: olvidar cumpleaños, intercambiar fechas y claves, decir el nombre equivocado, perder las llaves, no saber en dónde dejó los lentes, omitir recados, interpretar mal un mensaje hablado o escrito, extraviar objetos, dejar encendida la estufa, asistir a la cita cuando no es, subirse al bus erróneo, ir con la cartera abierta…, se pueden registrar una extensa variedad de descuidos y hasta allí, todos se pueden definir como normales y aceptables, sin embargo, hay descuidos con mayores consecuencias que pueden llegar a costar el trabajo, alguna relación o incluso la vida, he leído un par de casos nefastos de padres que han olvidado todo el día a sus hijos pequeños en el auto.

Algunos en su fama de distraídos, lo son algunas veces de forma intencional y cuando les conviene. De esta manera evitan eventos, compromisos y encuentros a los que no supieron decir que no. Otros lo son por personalidad, estrés, agotamiento o ansiedad.

Tal vez para este momento, ya usted tenga en mente algún acontecimiento o ha recordado una situación en la que ha estado poco centrado, enfocado y atento. La mayoría de estos sucesos simpáticos y sin mayor trascendencia quedan en el anecdotario personal.

Porque es jueves de volver a lo que fue, lo que es, lo que siempre será…, porque es un jueves de recordar que hay días muy centrados y otros bastante despistados en los que se pide permanente aterrizar.

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