Historias

El Estruendoso Fracaso del Capitalismo

Sandra Liliana Pinto Camacho

Ingeniera Industrial PUJ & Administradora Hotelera AH&LA

Schumpeter ha sido llamado uno de los mejores economistas del siglo XX, un genio, un profeta. Pero, a pesar de su convicción de que el capitalismo llegaría a su fin, no creía en la dictadura del proletariado ni en la revolución de Marx. De hecho, rechazaba lo que entendía como “los elementos ideológicos del análisis marxista”. Para él, lo que llevaría al fin del capitalismo sería su propio éxito.

Uno de los ejemplos que Schumpeter usaba para explicar sus teorías era el de las medias de mujer. A principios del siglo XX solamente las mujeres de clase alta las podían comprar. Pero, a partir de la Segunda Guerra Mundial, cuando las mujeres se integraron al campo laboral en reemplazo de sus esposos combatientes, tuvieron capacidad económica para acceder a las “panti”. Entonces, explica Schumpeter «El hacer algo accesible para todo el mundo lleva a que la mentalidad socialista poco a poco vaya introduciéndose por los poros del sistema capitalista… Ese propio éxito de la abundancia compartida, porque está al alcance de todos, es lo que llevará al fin del capitalismo». A pesar de que su explicación no parece tan clara, el tiempo le ha dado la razón.

Después de la Segunda Guerra Mundial, en 1947 un grupo de influyentes economistas, filósofos y políticos fundarían una Sociedad partidaria del liberalismo (entendido desde el punto de vista de Schumpeter) denominada “Mont Pelerin”.  Su intención era ejercer influencia ideológica en el ámbito político, económico y social a favor de la defensa de los ideales del libre mercado sin trabas estatales.

En los ochenta estas ideas alcanzaron su punto máximo en los gobiernos de Reagan en los EEUU y Thatcher en Gran Bretaña, quienes consolidaron sus países en el neoliberalismo, en contraposición al “Estado Bienestar”, el cual era un conjunto de acciones que venían desarrollando sus Estados (a través del Gobierno) para lograr una mayor y mejor redistribución del dinero de los impuestos con el fin de mejorar el bienestar general de la población.

Entre los argumentos utilizados para que el Estado no regulara el comercio exterior ni los mercados financieros, así como para disminuir los impuestos en beneficio de la inversión privada era que, según ellos, el “Estado Bienestar” aumentaba el consumo y esto disminuía la capacidad de ahorro de la población. El propio Banco Mundial en 1991 reconocería que «no existe evidencia de que el ahorro dependa de la desigualdad social o que ésta conduzca a un mayor crecimiento».  Siguiendo con la explicación de las medias pantalón de Schumpeter sería como decir que las mujeres en un “Estado Bienestar” preferirán comprar más medias que ahorrar por lo que es mejor que el gobierno no les otorgue tantos beneficios para que no puedan comprar tantas medias.  Quizás, apenas las necesarias.

Al revisar las cifras del impacto de la incursión del neoliberalismo en estas dos economías se notó que, en ambas, durante esta década, hubo una significativa reducción de la inflación jalonada, seguramente, por la disminución de los precios consecuencia de la libre competencia y un incremento de los beneficios netos de los empresarios al tener un mercado más amplio y menos regularizado.

De otra parte, también se observó que mientras en Estados Unidos el desempleo disminuía significativamente, en Europa se incrementaba a pasos agigantados, por lo que prontamente achacaron la causa de dicho incremento, a “la protección social al desempleado” a través del subsidio que le era otorgado por los estados europeos y que limitaban la libertad de acción (o coacción) de los empresarios en la fijación de salarios.  Es decir que mientras en Estados Unidos las empresas fijaron las condiciones de los empleados, en Europa todavía tenían la protección del Estado que establecía el mínimo que se les podría pagar a los trabajadores ya que nadie trabajaría por una paga inferior a la que recibían por no trabajar.

A pesar de tratarse de países desarrollados, el neoliberalismo contribuyó a aumentar la brecha entre la riqueza de las personas más ricas y la pobreza de las más pobres, según lo mide el Índice de Gini. Hoy en día en los Estados Unidos las personas más pobres no han visto un crecimiento real de sus ingresos desde 1980, mientras que los ingresos de los ultrarricos crecieron en alrededor de un 6% por año.

Sin prever lo que vendría, poco a poco muchos países comenzaron a asumir el modelo neoliberal, entre ellos los latinoamericanos, en los que serían muy pocos los empresarios que ganarían los beneficios y sí muchas personas las que caerían en situación de pobreza perdiendo, además, con la reducción de impuestos los recursos que antes apoyaban la inversión para la educación pública, el acceso a los servicios públicos, la infraestructura, la cobertura en salud, etc.

Aunque las ideas económicas de Schumpeter corresponden a una época lejana, lo cierto es que estamos siendo testigos de lo que podría ser entendido como el fin del capitalismo “tal y como lo conocíamos”.  Dar prioridad a las ganancias a corto plazo sacrificando el bienestar a largo plazo de la sociedad y del medio ambiente es algo que las naciones desarrolladas ya no están dispuestas a permitir, especialmente en momentos cuando el mundo recién se recupera de los efectos económicos de la pandemia del covid-19 y es aún más consciente de los estragos producidos por el cambio climático.

El capitalismo hoy en día no es una simple teoría económica, es un sistema que está destruyendo la vida de muchas personas de la clase trabajadora: “Las últimas dos décadas, las muertes por desesperación por suicidio, sobredosis de drogas y alcoholismo aumentaron dramáticamente y ahora se cobran cientos de miles de vidas cada año” [i].

Las democracias liberales están en un punto de inflexión, donde los ciudadanos cuestionan las reglas capitalistas con mayor intensidad en todo el mundo. En Chile, en octubre de 2019 la movilización social comenzó por un aumento en las tarifas del metro lo que convocó a más de un millón de personas a manifestarse, lo que les está permitiendo cambiar su futuro con la redacción de una nueva Constitución Política.

De manera similar, el movimiento de los chalecos amarillos que comenzó en Francia en 2018 se centró inicialmente en el aumento del costo del combustible, pero se amplió rápidamente para incluir quejas similares a las de Chile, el costo de vida, la creciente desigualdad y una demanda para que el gobierno deje de ignorar las necesidades de los ciudadanos.

Precisamente ayer, 5 de junio, las principales economías del mundo llegaron a un acuerdo «histórico» para implantar un impuesto mínimo global a las empresas multinacionales, en principio, del 15%. El acuerdo alcanzado por Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Canadá, Italia y Japón y que constituiría un reversazo del principio neoliberal de libre comercio (sin las barreras de los impuestos), ejercerá presión sobre otros países para que sigan su ejemplo, algo que podría verse en la reunión del G20 el próximo mes[ii].

Colombia no ha sido ajena a esta tendencia y ya son miles los colombianos que completan más de un mes de manifestaciones en una de las protestas más largas de la historia reciente del país. El periódico “El País” de España realizó una compilación de algunos de sus protagonistas y de sus demandas, poniendo rostro a lo que Schumpeter predijo en 1942, el estruendoso fracaso del Capitalismo (tal y como lo conocemos):

““Marcho para acompañar a los estudiantes, por un futuro con mejor salud y educación para mis hijos”, dice Jessica Preciado, de 27 años, empleada de limpieza en un colegio. Lleva en sus brazos a Samuel, de ocho meses y acomoda una pañoleta en la cara de Nicolás, su niño de nueve. A su lado, su madre, Ana Preciado y en el carrito del bebé una docena de huevos que les acaban de regalar. En algunos puntos de las marchas les dan comida a los manifestantes. Es la primera vez que ella sale en un mes de manifestaciones, pero dice que quería hacerlo antes. “Marcho también por mejores oportunidades para mí”. Es difícil: “O no dan trabajo porque uno no tiene estudio, porque no tiene experiencia o porque está muy joven. Entonces, ¿qué le toca hacer a uno? Salir a las calles a vender a hacer lo que sea”. ¿Miedo por la violencia en las marchas? “No. Las redes sociales están muy censuradas, las noticias no cuentan las cosas como son”, dice Preciado[iii].

[i] Argumentan los economistas Anne Case y Angus Deaton en su libro «Deaths of Despair and the Future of Capitalism» («Muertes desesperadas y el futuro del capitalismo»).

[ii] Periódico BBC de Londres, El _histórico_ acuerdo entre los países más ricos del mundo sobre un impuesto mínimo global a las multinacionales – BBC News Mundo

[iii] Periódico El País de España, https://elpais.com/elpais/2021/05/27/album/1622080579_397675.html#foto_gal_1

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