Historias

La fuente de los deseos

Martha Lucía Barbieri

Comunicadora Social -Yo soy la que soy –

«Si me dijeran pide un deseo, preferiría un rabo de nube que se llevara lo feo y nos dejara el querube, un barredor de tristezas, un aguacero en venganza, que cuando escampe parezca nuestra esperanza». Silvio Rodríguez

Un par de semanas atrás recibí una tarjeta, el sobre tenía instrucciones precisas ya que debía abrirlo un día determinado, en un momento especifico. Seguí las directrices deseándome paciencia para no descubrir el contenido antes de lo indicado. Cuando fue el momento de leer la postal, encontré un dulce mensaje que deseaba entre otras cosas que mis deseos particulares fueran cumplidos en su totalidad. En ese instante como estaba literalmente en el aire y en plena turbulencia, lo primero que deseé fue llegar bien a donde tenía que llegar para poder seguir solicitándole al universo todas sus virtudes.

Sí, al universo, a Dios, a los ángeles, a la energía divina, a la vida, a las estrellas, a las hadas, a donde sea que se eleven los anhelos. Desear como ritual es una acción que realizamos desde la infancia con un amplio espectro que oscila entre deseos personales y familiares hasta globales y locales. Incorporamos ritos según lo que nos enseña la familia y la cultura y también creamos e inventamos maneras propias para desear. Creyendo estrictamente en la magia para la materialización del deseo, nosotros pedimos y la energía o lo que sea que dé, simplemente da.

Iluminar los deseos con velas, pedir algo al ver una estrella fugaz o al entrar a una iglesia por primera vez, desear cuando se lanzan monedas a las fuentes y al soplar Dientes de León, hacer árbol de deseos, crear mapa de aspiraciones para Año Nuevo, soplar la pestaña caída o colocarla en el pecho, cantidad de formas para desear, todas con origen ancestral forman parte de mi repertorio. También me veo formulando deseos en los solsticios, al notar que el reloj marca las 11:11, cuando sale el arcoíris, al ver un colibrí, al estar debajo de un puente cuando pasa el tren e incluso formulo deseos conteniendo la respiración al cruzar un túnel o puente.

Cuando era niña buscaba entre los comensales quien tenía el huesito de los deseos, me gustaba quebrar el wishbone, o hueso horquilla del pollo o del pavo, era gracioso ver quién quedaba con el pedazo más grande para luego pedir algo que con seguridad sería concedido. Me sorprendí al ver que esta es una costumbre en la celebración del Dia de Gracias o Día del Pavo en los Estados Unidos.

Un día me vi deseando en Stonghenge y algún otro escribiendo mis anhelos en un globo de Camboya que luego solté al cielo confiada la realización de los mismos, eso fue más que un festival de linternas.

Todo cabe en las profundidades del pozo de los deseos, desde lo más trascendente hasta lo más vacuo, lo material y lo estrictamente emocional o espiritual, desear para conseguir posesión o realización. Apetecer, ambicionar, pretender. Constantemente queremos algo, para nosotros o para los demás. Cuando está a mi alcance me encanta cumplir deseos, incluso ayudar a fabricar los deseos de los demás, porque dejando a un lado el pensamiento mágico, los deseos también se hacen. Esto el idioma inglés lo tiene mucho más preciso: Make a wish, hacer un deseo.

«¿Y si aparece el genio de la lámpara o tu Hada Madrina y te dice que te concederá un solo deseo qué le pediría­s?«, me preguntaron alguna vez. Primero agradezco, respondí.

Imaginé a Pinocho y el Hada Azul, ella en primer plano con su centelleante vestido celeste y su varita mágica, dispuesta a conferirme deseos y de fondo la canción que dice que cuando le pides un deseo a una estrella no importa quién eres, porque cualquier cosa que tu corazón quiera vendrá a ti, ya que ninguna solicitud es demasiado extrema.

  «When you wish upon a star
Makes no difference who you are
Anything your heart desires will come to you
If your heart is in a dream
No request is too extreme
When you wish upon a star as dreamers do
Fate is kind «
 

También recordé a Rumpelstiltskin, el duende que siempre beneficiándose a sí mismo, promete cumplir deseos y hace firmar un contrato a sus clientes para luego hacer pagar un alto precio por conceder los mismos. Te lo agradezco, pero NO Rumpelstiltskin.

No puedo limitarme a un deseo, sigo con la confianza casi bíblica de la infancia (pide y se te dará), deseo pedido, deseo realizado. Así con esa certeza cándida, la misma que teníamos de niños en el ceremonial al soplar las velas y pedir tres deseos el día de nuestro cumpleaños. Con el tiempo he aprendido a desear, a saber cómo hacerlo y a ser más cuidadosa en la solicitud, incluso por temporadas he deseado menos porque es bien sabido que el sufrimiento en la vida se origina en el anhelo, las ansias y el deseo.

La Fontana Di Trevi, por ejemplo, recibe hasta tres mil euros diarios en monedas, ese dinero es destinado, entre otras cosas, a un comedor social y proporciona refugio a personas sin hogar. Eso es cumplir deseos. También hay varios lugares mágicos en el mundo en donde usted puede hacer sus peticiones.

Porque es jueves de volver a lo que fue, lo que es, lo que siempre será…porque los buenos deseos siempre se materializan, así como sucede todo lo que es arrojo del destino.

«Sucederás como sucede todo lo que es arrojo del destino. Como sucede mi suerte, el cielo limpio o la flor celeste, sucederás porque lo grita mi corazón…sucederás porque está escrito en la fuerza de mis manos…sucederás porque no pueden mentirme las estrellas».

«Los deseos se tienen, no se piden. Lo que se pide es el objeto del deseo.«

― Francisco Umbral―

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