Historias

La Guacharaca

Germán Niño

Economista y Bloguero.

Esta buena foto de diciembre de 1975 de mi amigo Layo Carvajal lo muestra con una de las más pintorescas ibaguereñas de la historia, Doña María Tovar, más conocida como La Guacharaca. La foto me trajo al recuerdo un par de anécdotas relacionadas con este personaje y nuestra mascota de aquellos tiempos, un loro amazónico llamado Pastor.

Fotografía propiedad de Layo Carvajal

Doña María Tovar, La Guacharaca, recorría las calles del centro de Ibagué en aquellos años 70s armada de un palo, que no dudaba en usar contra los muchachos que la molestaban. Su vocabulario era un compendio de todas las groserías del Real Diccionario de la Lengua, más varias perlas de su invención. En los comienzos de los 70s su expresión favorita era «robacostales, robagallinas, chichipastranistas hijuep…», que no dudaba en gritar a cuanto transeúnte pasaba a su lado. Layo logró convertirla en su amiga y ella visitaba con frecuencia la librería de Carlos Enrique Vila y Martha Carvajal, situada cerca del Círculo Social de Ibagué. Allí nos acercabamos tímidamente sus amigos, para oírle contar sus historias cuando estaba calmada.

Parque Murillo Toro – Foto propiedad de Germán Niño

Nuestro apartamento en aquellos días quedaba en el Edificio de la Beneficencia del Tolima, en un costado del Parque Murillo Toro, donde La Guacharaca gritaba el día entero. Nuestro loro se la pasaba enjaulado en el balcón que daba sobre el parque. Un día, en plena visita de unas amigas de mi mamá, Pastor sorprendió a toda la concurrencia gritando «robacostales, robagallinas, chichipastranistas hijuep…» a todo lo que le daba su voz de loro. Nosotros nos revolcábamos de la risa, mientras mi mamá no sabía que hacer de la vergüenza. Pastor aprendió todo el repertorio de La Guacharaca y cada vez que podíamos hacíamos la demostración para nuestros amigos.

Grupo Fotografías Antiguas del Tolima Facebook – Parque Murillo a comienzos de los 60s

Un día, mientras le cortaban las grandes alas a Pastor, mordió a nuestra empleada y salió volando desde el octavo piso de nuestro edificio. La conmoción fue total. Por la dirección del vuelo vimos que debía estar en la Plaza de Bolívar, llena de grandes árboles. Allá llegamos y después de un buen rato lo localizamos en una de las ramas más altas. No se como, pero llegaron dos carros de bomberos a rescatar a Pastor. El tránsito se paralizó en la carrera tercera, mientras se hacía la operación de rescate. Todo un acontecimiento en la bella ciudad que era Ibagué a comienzos de los 70s.

Mi abuela Paulina, que vivía entre el Parque Murillo y la Plaza de Bolívar, ya estaba enterada de la desaparición de Pastor. Se sentó a rezar el rosario con mi tía Luisa y con su empleada, Helena Neira, a pedir por el rescate de Pastor. Estaban en el tercer misterio cuando de pronto entró por la ventana una gran ave, con grandes aleteos. ¡Era Pastor! Las tres señoras no paraban de gritar ¡Milagro! ¡Milagro! y se santiguaban dando gracias a la Virgen María. El loro se quedó dentro de la casa y allá llegamos nosotros y un par de bomberos a enjaularlo. Pastor protestaba gritando «robacostales, robagallinas, chichipastranistas hijuep…», mientras mi abuela apenas se sonrojaba. 

Días felices de nuestra adolescencia. La Guacharaca ha sido homenajeada con una estatua en Ibagué, todo un reconocimiento a su «trayectoria profesional». Falta que nosotros le hagamos también un homenaje a Pastor, su alumno más aplicado.

Pastor

ANA ELVIA TOVAR: Doña María parece que realmente se  llamaba Ana Elvia Tovar y se desconoce el lugar de su nacimiento. En 1975 debía tener entre 50 y 60 años. Frecuentaba todos los históricos cafés de Ibagué sobre la carrera tercera y en medio de sus escándalos y peleas tenía buenas relaciones con muchas personas, que le daban comida y bebida. Era buena consumidora de Coca Cola, que siempre pedía “al clima”. Según algunos comentarios, doña María siempre llegaba el lunes en la mañana a la Caja Agraria de la Calle 15, a depositar el producto del trabajo de la semana. Nadie la vio retirar su dinero nunca. En el momento de la tragedia de Armero, la Guacharaca vivía en el hospital psiquiátrico de aquella ciudad. Algunas versiones la dan como muerta en esa tragedia, otros dicen que sobrevivió y que murió finalmente en Honda. Un personaje pintoresco, que disfrutamos y padecimos en aquellos años de juventud.

El sombrero que luce mi amigo Layo Carvajal en la foto de comienzos de esta crónica fue regalo de navidad de doña María. 

María Tovar «La Guacharaca» – Foto de Esteban Sánchez

EL SANJUANERO: En Youtube hay un sanjuanero dedicado a La Guacharaca, adornado con una imagen que no corresponde a doña María. Es una bella canción, cuyo autor desconozco. Está publicado en el sitio de audiocolombia, que no da detalles de su autor.

Su nombre María Tovar y le decían La Guacharaca, 

porque era muy maliciosa, malgeniada y lengüilarga.

Así era María, María Guacharaca, 

Así maliciosa y muy lengüilarga.

La Guacharaca – Foto web site Enrique Saldaña

LAS ESTATUAS: El escultor tolimense Enrique Saldaña Cifuentes, nacido en 1960, realizó las esculturas de la Guacharaca y Badana en el año 2007, en técnica de mortero armado, por encargo del alcalde de Ibagué de aquel año. Finalmente se presentaron al público en el año 2009, en desarrollo de una exposición conmemorativa  de su trabajo, la cual se hizo en el Museo de Arte del Tolima. Nadie reclamó las estatuas después de aquella exposición. Desconozco su paradero actual.

Vuelo del Loro Pastor

LORO PASTOR: Pastor había llegado a nuestra casa después de un viaje de mis padres a Leticia en 1970. La anécdota que relaté es de 1972.

Hacia 1973 nos trasladamos a otra casa y regalamos a Pastor a una amiga de mi mamá, que tenía un restaurante campestre cerca de Los Badeos. Allí debió vivir muchos años más, pues estos loros amazónicos viven entre 30 y 50 años.

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