Historias

La Impudicia de la Democracia

Sandra Liliana Pinto Camacho

Sandra Liliana Pinto Camacho

Ingeniera Industrial PUJ & Administradora Hotelera AH&LA

“La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes.” 

Charles Bukowski (1920-1994) Escritor estadounidense

Razón tenía Platón hace 2.400 años, al plantear que la democracia no era la mejor forma de gobierno, colocando a la aristocracia (griego para «el gobierno de los mejores») en primer lugar, ya que resultaba más conveniente para el bienestar de los pueblos, de acuerdo con su raciocinio, que los guiara alguien que se hubiera preparado toda la vida para el liderazgo, que aquellos que a través de engaños y artimañas “manipulaban a las masas” para llegar al poder.

Defender la aristocracia por encima de la democracia generaría hoy en día una reacción hostil, sin embargo, muchos estarán de acuerdo con que el pueblo se ha mantenido esclavo de los caprichos e intereses de los gobernantes “democráticos”, quienes finalmente se convierten en tiranos, como Platón también lo anticipó.

La tiranía nace del cultivo de los miedos que hace el demagogo estafador, posicionándose a sí mismo como único protector.

En la televisión vemos diariamente a los líderes de diferentes países transformándose en tiranos de su pueblo o, como en el caso de Putín, de otras naciones, lo que finalmente está colocando a la humanidad muy cerca de una confrontación que podría acabar con el mundo tal cual lo conocemos.

El comentarista político Andrew Sullivan en 2017 desarrollo un video en el cual definía el perfil de dichos demagogos/ tiranos:

«Suelen ser de la élite, pero estar en sintonía con la época. (…) Se apoderan de una turba particularmente obediente, tildando de corruptos a sus pares ricos. (…) Finalmente, se queda solo, ofreciéndole a los ciudadanos confundidos, distraídos y autoindulgentes una especie de alivio de las interminables opciones e inseguridades de la democracia. (…) Se ofrece a sí mismo como la respuesta personificada a todos los problemas.”

En los países democráticos se mantiene la legitimidad otorgada por la elección de los gobernantes por medio de mecanismos de participación ciudadana directos o indirectos. Sin embargo, dichos procesos son viciados tanto por la plutocracia como por la oclocracia, las cuales reflejan dos extremos que distorsionan el verdadero sentido de la democracia en el mundo contemporáneo.

Debe entenderse por plutocracia “el poder, influencia o preponderancia de los ricos en el gobierno”, mientras que la oclocracia “proviene del griego ochlokratía, de ochlos que significa “turba” o “multitud” y de kratos que significa “poder”, “gobierno” o “dominación”, por lo que se podría interpretar como “el poder o el gobierno de la plebe”, es decir, de la clase social más empobrecida y marginada.

Los más ricos compran el poder, mientras que los más pobres son instrumentalizados para que, personas que parecieran representarlos, puedan perpetuarse en el poder a través del populismo.

Un ejemplo típico de plutocracia o de la “influencia de los ricos en los gobiernos” es el caso de los sobornos otorgados por la empresa multinacional brasilera Odebrecht:

Una investigación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos publicada el 21 de diciembre de 2016 sobre la constructora brasileña Odebrecht, detalló que la misma habría realizado el pago de coimas de dinero y sobornos, a funcionarios públicos del gobierno de 12 países: Angola, Argentina, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, México, Mozambique, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela, durante los últimos 20 años, para obtener beneficios en contrataciones públicas.  Al respecto, algunos todavía recordamos el impresionante sonido del disparo que se propinó el expresidente peruano Alan García y que fue transmitido en vivo por la televisión nacional, cuando iba a ser arrestando por el recibimiento de estas coimas.

En cuanto a la oclocracia o “gobierno de la plebe”, la historia nos recuerda los nefastos antecedentes que dejaron para el mundo los populismos de Hitler, Mussolini, Franco y Stalin en Europa y, más recientemente, Vladimir Putín en Rusia.

Para identificar mejor a los populistas Pierre Ostiguy[i] nos los describe de la siguiente manera:

“(…) Por lo general, el populismo nace de un líder carismático que es percibido como parte del pueblo, y que, como parte de éste, entiende sus problemas y dificultades. 

Usualmente, los líderes populistas explotan el sentimiento de opresión de las masas y las injusticias sociales para movilizar tanta gente como puedan, muchas veces en contra de los intereses de las elites sociales o políticas. 

Los líderes populistas se mantienen en el poder precisamente por medio de su popularidad, y por esto, es necesario para ellos implementar políticas que favorezcan al pueblo, lo cual muchas veces significa poner a un lado las leyes y normas de la constitución. Muchas veces esto se ve reflejado en la nacionalización de compañías extranjeras, o la decisión de no pagar la deuda externa. 

Usualmente, las corporaciones y las elites económicas tienden a ser las más afectadas por las políticas populistas, puesto que el líder acude a ellas para crear antagonismos sociales que favorezcan su posición. Así, el líder es percibido como el defensor del pueblo contra los intereses voraces de las corporaciones y las clases altas.”

El proceso democrático que se adelantará este año con las elecciones parlamentarias y presidenciales son la oportunidad para identificar a los populistas y a quienes pretenden llegar al poder comprando conciencias, los que con seguridad, con el paso del tiempo se volverán los demagogos tiranos que se eternizarán en el gobierno en búsqueda de enriquecerse a costa de los recursos de los menos favorecidos, dejándolos sin educación, salud, vivienda, alimentos, recreación, trabajo, pensión, por darles los contratos más importantes y jugosos a sus amigos o testaferros.

Cada uno de nuestros votos es importante y puede ser el comienzo de un futuro mejor, acabando con la impudicia en que se han convertido los procesos democráticos en Colombia.  Votemos bien.

[i] Doctor en Ciencia Política (University of California, Berkeley) y profesor de planta del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Valparaiso.

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