Opinión

La nueva Colombia

Óscar Barreto Quiroga

Columnista Invitado

Nunca antes en la historia política colombiana, habíamos estado frente a una situación tan particular, de tanta polarización, un país tan metido en la lucha cruenta e incruenta, donde se aniquila física y moralmente al contradictor, donde “las nuevas formas de lucha” que se dan en las redes sociales, diariamente imponen una orientación o desorientación a la opinión publica.

La degradación del actual debate electoral ha infectado la gran mayoría de la sociedad colombiana, estamos desnudos frente a lo que somos, este es el resultado de tantos años de violencia, abandono del estado, corrupción y una nula formación en ciudadanía, somos insensibles frente al dolor del otro, la imposición de criterios, pensamientos e ideas, trasgrede el mayor constructor de la convivencia, que es el respeto por el otro, por lo que piensa, dice y hace.

Después del domingo, ya no puede haber “otra Colombia” sino “la nueva Colombia”, un país unido, equitativo y en paz, con oportunidades para todos, la división la polarización y la política del odio, deben quedar exterminadas el domingo, el respeto por las instituciones y el restablecimiento de la independencia de los poderes se convierten en prioridad urgente, la descentralización donde se entregue autonomía real a las regiones, debe ser el modelo base de la construcción de un Estado Nación, extenso, diverso y multicultural, donde el respeto por la diferencia, el reconocimiento de los derechos y las garantías de equidad, deben ser para todos y no para unos pocos con muchos privilegios.

“La nueva Colombia”, debe tener una justicia independiente y autónoma, un legislativo capaz y honesto, que no funcione como apéndice del ejecutivo, sino que ejerza el control político y tramite las grandes trasformaciones, un ejecutivo descentralizado, que se construya desde la esencia local y regional, cercano a la ciudadanía, resolviendo lo real, lo urgente e importante, con preferencia por lo social, la competitividad, la educación y el campo colombiano.

No somos perfectos, somos humanos, ya hemos cometido muchos errores, llegó la hora de dejar a un lado las posiciones, para darle paso a los principios, la hora de aniquilar la hipocresía y la doble moral como fundamento falso del relacionamiento social, la hora del respeto por el otro, por las diferencias, la hora de la capacidad y la experiencia en los poderes, para construir “la nueva Colombia”, más justa, segura, leal, honesta, espiritual, equitativa y más humana. Merecemos otro destino, construyámoslo juntos.

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