La Prostitución, Una Polémica Olvidada
“En la prostitución, el cuerpo no se vende, se emplea.”
Valérie Tasso
Escuchaba una entrevista ayer de María Isabel Urrutia en la que narraba como en algún momento de su vida tuvo que tomar la decisión entre continuar la nada fácil tarea en Colombia que representa ser deportista de alto nivel o dedicarse a la prostitución, como se lo habían sugerido, en palabras suyas por el “cuerpo tan espectacular que tenía”.
Hoy encontramos en las redes sociales algunas actrices dedicadas a la producción de “material para adultos” el cual suben a sus perfiles en aplicaciones como “OnlyFans” en donde, quienes deseen ver videos o fotografías no aptas para menores, pueden pagar para acceder a estos contenidos.
Cualquiera sea la forma en que la mujer comercialice su cuerpo, a través de redes sociales, plataformas “web cam” o en los burdeles tradicionales, los grupos feministas han denunciado que se trata de una forma de subsistencia a la que se ven aducidas principalmente las mujeres, cuando necesitan generar ingresos que le permitan mantener un estilo de vida apropiado.
El tema no es nuevo. Se dice que la prostitución es el trabajo más antiguo del mundo y esto es cierto. Desde que existen registros históricos, las mujeres, en una forma de rebeldía frente a las sociedades misóginas en las que nacieron, con el fin de mantener su independencia económica, social y hasta política, han recurrido a esta actividad, algunas de ellas logrando cierta notoriedad que hace pensar que se trata de una ocupación deseable o hasta digna.
Aspasia de Mileto sería recordada en la antigua Grecia como la mujer que “dominaba a los hombres de Estado más influyentes” pues se decía que “tenía una rara sabiduría política”; incluso sería la madre de uno de los hijos de quien lideró la “Era de Oro” de la Atenas helenística del siglo V a.C., Pericles, llegándose a decirse incluso que “le escribía los discursos”.
Alrededor de los veinte años Aspasia había conocido a quien sería un amante admirador de su belleza e inteligencia, Sócrates, logrando que el famoso filósofo se enamorara de ella. Con Aspasia, Sócrates pudo discernir sobre la verdad, el amor, la justicia, el coraje y el conocimiento, lo que le permitió complementar las tesis que servirían de base a la tradición filosófica de los últimos 2.500 años.

Alrededor del 350 a.C. llegaría a la tierra quien fuera comparada con la diosa Afrodita, Friné. Toda clase de artistas han imaginado su belleza a partir de la obra de Praxíteles, su “descubridor”, mentor y amante, La Venus de Arles. Fue tal su riqueza que poetas cómicos de la época, Timocles en su Neera, Amfis en su Kouris y Posidipes en Efesiana, hablaron del escándalo de su opulencia.
La beldad donaba con frecuencia dinero para edificar monumentos públicos, especialmente en Corinto y, el retórico y gramático griego Ateneo de Náucratis en su obra Sobre las mujeres, narraba que inclusive, luego de que Alejandro Magno dejara destruidas las murallas de Tebas, la hetaira prometió cercar la ciudad con muros, con la condición de que los tebanis escribieran en una inscripción: “Alejandro las derribó y Friné la hetera, las reconstruyó”.
En el siglo V d.C. aparecería en el escenario de la historia la más famosa meretriz que llegaría a ser emperatriz, Teodora, quien con su inteligencia e ingenio llegaría a enamorar al autor de la compilación del derecho civil romano, Justiniano, trabajo que ha trascendido con algunas variaciones, hasta nuestra época.
Sería también famosa la historia del filósofo Aristóteles con Filis, cortesana que acompañaba a Alejandro Magno en su expedición a la India en la que habiendo advertido a quien se convertiría en Rey de Macedonia, Hegemón de Grecia, Faraón de Egipto, Rey de Asia y Gran rey de Media y Persia, de los peligros de acceder a los amores de una cortesana, finalmente, en una burlesca trampa trazada por la hetaira, termina montándola sobre su espalda paseándola por el jardín como si fuese un caballo. Cuando Alejandro lo observó en tan pueril situación, decide antes que castigar a su maestro por la osadía, darle una lección ignorando su consejo y continuando con la relación con la ingeniosa meretriz.
No podría dejar por fuera de este corto recorrido por las memorables cortesanas de la historia, a Verónica Franco, famosa por ser una poeta que se codeaba con la élite de la República de Venecia del siglo XVI, llegando inclusive a ser ofrecida por la señoría para acompañar a quien era famoso por preferir la compañía de efebos vestidos femeninamente, Enrique de Valois, quien luego se convertiría en el Rey Enrique III de Francia. El regente se mostró tan satisfecho con la velada ofrecida, que la señoría contó con la alianza francesa durante todo su reinado y Verónica se consagró como la más cotizada cortesana de Venecia.
Excepto Teodora, que murió como Emperatriz, el final de las historias de las hetairas guarda similitudes en cuanto a que son abandonadas, olvidadas e incluso, boicoteadas por la sociedad que las utilizó, para morir en la soledad que esta ocupación conlleva a quienes, con la llegada de la vejez, pierden su jovial belleza.

En Colombia, una sociedad en la que pareciera haberse impuesto la moralidad conservadora, la discusión política sobre la prostitución ha tenido acercamientos que no han llegado en la práctica a nada.
En 2013, los senadores Armando Benedetti y Gloria Inés Ramírez propusieron el Proyecto de Ley 79 de 2013 en el que se buscaba reglamentar la prostitución en Colombia. Este proyecto de ley, de acuerdo con sus críticos que finalmente terminaron hundiendo el proyecto, era altamente inconveniente para las prostitutas, para las mujeres y para la sociedad ya que, aunque se mejoraban los derechos de las prostitutas, concomitantemente se legalizaba el proxenetismo “empoderando a los comerciantes de los cuerpos de las mujeres”[i].
En 2017, la representante Clara Rojas presentó otro proyecto de ley en el que, en contraposición al anterior, se buscaba penalizar al cliente de la prostitución, inspirándose en una ley que acababa de ser aprobada en Francia. El proyecto también se hundió porque las trabajadoras sexuales, quienes serían sus principales beneficiarias, “lo rechazaron porque vulneraba su derecho al trabajo y a su libre decisión sobre su cuerpo”[ii].
En 2020, invocando las leyes sueca y francesa, la representante Juanita Goebertus impulsó otro proyecto de ley que parece ser similar al que había promovido Clara Rojas. Ante éste, la Red Comunitaria Trans se manifestó afirmando que, el «equiparar el trabajo sexual con la trata de personas NO es un enfoque inofensivo. Es un enfoque de criminalización que está teniendo un efecto directo en los derechos de las trabajadoras sexuales»[iii], lo que finalmente determinó, como en los proyectos anteriores, su hundimiento.
Como vemos el tema no es sencillo de abordar y mucho menos reglamentar, por lo que llamó la atención que el día en que fue anunciada la candidatura a la vicepresidencia del Pacto Histórico, la candidata elegida, Francia Márquez hubiese hablado en tarima y redes sociales precisamente sobre este tema prometiendo legalización de la actividad y garantías para quienes la ejercieran.
Lo que parecía ser una oferta generosa se convirtió en una oleada de mensajes de desaprobación por parte de las organizaciones encargadas de proteger a las mujeres en condición de prostitución, asegurando que con la legalización de la actividad lo que se generaría es un incremento de los sitios en los cuales se practica la prostitución en condiciones similares a las planteadas por la Senadora Goebertus, es decir mediante la trata de personas, así como una especie de “perdón social” para los proxenetas que mediante estrategias de manipulación económica las mantienen en esta clase de esclavitud moderna.
El debate sigue abierto y deberá ser abordado con prontitud ya que con el incremento de la pobreza post-pandemia y la llegada de inmigrantes de Venezuela a Colombia y de desplazados del campo a las ciudades, seguirá aumentando el número de prostituta(o)s que en ciudades turísticas como Cartagena, ya incluye a menores de edad, haciendo el problema mucho más crítico[iv].
Cualquiera sea la solución que piense dársele deberá contar con la participación de las organizaciones de los grupos afectados con las decisiones que se tomen. Será necesario que los congresistas recorran las calles usando los zapatos que utilizan quienes practican esta actividad, sintiendo sus necesidades, viviendo sus realidades y a partir de este ejercicio, llevar sus voces silenciadas por años al gobierno para brindarles una vida digna que en pleno siglo XXI, debería ser una realidad para todos los colombianos.
[i] https://abolicionprostitucion.wordpress.com/2014/05/13/10-razones-por-las-que-soy-abolicionista/
[ii] https://www.semana.com/nacion/articulo/proyecto-de-ley-para-castigar-a-clientes-de-prostitutas/536189/
[iii] https://caracol.com.co/radio/2020/10/15/politica/1602781058_135833.html
[iv] https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/las-causas-del-aumento-de-la-prostitucion-en-colombia-626407




