Opinión

La prueba no es quién gane: la prueba es si Colombia sabe perder

Juan David Rincón Galindo

Juan David Rincón Galindo

Comunicador Social y Periodista
Especialista en Periodismo Deportivo
Socio ACORD – Tolima
Director Tolima Online

A medida que se acerca la segunda vuelta presidencial del 21 de junio, me preocupa menos quién gane la Presidencia y más cómo reaccionará el país cuando se conozca el resultado. Si Iván Cepeda derrota a Abelardo de la Espriella, una parte importante de la derecha sentirá que Colombia tomó un rumbo equivocado. Si ocurre lo contrario, será la izquierda la que deberá enfrentar una profunda frustración política. La verdadera pregunta es si ambos sectores están preparados para aceptar la decisión de las urnas.

La historia reciente invita a la cautela. Colombia es un país polarizado, donde las derrotas electorales suelen interpretarse como amenazas existenciales. Sin embargo, también es una democracia que ha demostrado capacidad para tramitar conflictos por vías institucionales.

He escuchado con atención los mensajes de los protagonistas. El presidente Gustavo Petro ha insistido en varias ocasiones en que «el pueblo es el que decide» y que las elecciones deben contar con todas las garantías. Al mismo tiempo, ha expresado inquietudes sobre la transparencia del proceso electoral, lo que ha alimentado debates y suspicacias en distintos sectores políticos.

Desde la otra orilla, dirigentes de oposición y líderes de derecha han manifestado preocupaciones similares sobre el equilibrio institucional y el papel del Gobierno durante la campaña. Abelardo de la Espriella ha defendido reiteradamente la necesidad de respetar la Constitución y las instituciones democráticas, mientras sus seguidores advierten sobre la importancia de que los resultados sean reconocidos por todos los actores políticos.

No veo evidencias de que exista un plan organizado para desconocer las elecciones, ni desde la izquierda ni desde la derecha. Lo que sí observo es un ambiente emocional que puede favorecer reacciones impulsivas si el resultado es estrecho o si aparecen denuncias de irregularidades.

Por eso considero que Colombia sí está preparada institucionalmente para afrontar eventuales tensiones. La Registraduría, el Consejo Nacional Electoral, la Procuraduría, la Fiscalía y las Fuerzas Armadas cuentan con mecanismos para responder ante cualquier escenario de alteración del orden público. Lo que no sé es si nuestra dirigencia política está igualmente preparada para enviar mensajes de serenidad a sus bases.

La democracia no consiste en celebrar cuando ganamos y denunciar fraude cuando perdemos. Consiste en aceptar que el adversario también puede obtener el respaldo ciudadano.

El 21 de junio no solo se elegirá al próximo presidente de Colombia. Ese día también se evaluará la madurez democrática de la izquierda, de la derecha y de millones de ciudadanos. Mi esperanza es que, gane Cepeda o gane De la Espriella, prevalezca una convicción básica: ninguna diferencia política vale más que la estabilidad democrática de la Nación.

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