Opinión

Las consecuencias de tanto odio

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

El expresidente Petro, está siendo hoy, “víctima de su propio invento”, como dirían por ahí. Después de cuatro años de Gobierno, donde se dedicó a destilar odio contra “los blanquitos ricos”, el exmandatario se extraña que ellos ahora, no lo quieran como vecino.

Sucede que, los propietarios del conjunto residencial Sierras del Moral, ubicado en el norte de Bogotá, consideran que tener como vecino a un integrante de la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos (OFAC), no es lo más recomendable. Por eso, le piden a la administración del lugar “evaluar, dentro de sus competencias, cualquier necesidad concreta relacionada con seguridad, convivencia y uso de bienes comunes”, antes de que cualquiera haga negocios con Gustavo Petro.

Además, seamos honestos, ¿quién quiere tener como vecino a un personaje que todo el día se dedica a hablar mal de uno sin conocerlo? ¿Qué, sin haber tenido nunca el interés o la preocupación por acercarse y formarse su propia imagen, destila odio en todas las redes sociales? Porque es claro que el expresidente no lo hace a título personal, porque carece de motivos reales, pero sí lo ha hecho como parte de esa narrativa inventada en la que quiere graduar de “malo” o “enemigo” a todo aquel que no comulgue con sus ideas políticas, porque, al fin de cuentas, él fue el que convirtió todo en un campo de batalla político, así hoy quiera hacerse el gringo.

Lo que no logro entender es ¿porqué el expresidente Petro insiste en vivir en medio de esa gente que, según parece por sus continuos comentarios, desprecia o considera tan mala o incorrecta, en vez de vivir en medio de la gente que, según él mismo ha comentado, lo quiere y se le tira encima a darle besos y abrazos cuando está en la calle? La realidad es que, como él mismo lo ha dicho, puede vivir donde quiera y, en medio de la gente que tanto afecto le demuestra, estará más seguro y protegido. Además, esté donde esté, contará con su esquema de seguridad, que debe seguirlo a donde vaya y prestarle el apoyo en donde esté. Así que puede escoger la latitud de la ciudad que prefiera y vivir en medio de la gente que, llena de orgullo, lo tendría como vecino.

¿O será que, como ya le dijeron que no lo quieren en dos conjuntos exclusivos de la ciudad, al señor se le ocurrirá continuar con su estrategia de “retar” y comprará casa en alguna zona exclusiva de “yupisitos ricos”? Porque, recordemos, retar es lo suyo. Así lo hizo cuando nombró a Juliana Guerrero como su representante en la Universidad del Cesar, a pesar de ser una persona sin los conocimientos técnicos para representarlo. Pero era más importante imponerse demostrando su poder, que gobernar de manera correcta para todos los colombianos. Ahora, que ya no tiene la responsabilidad suprema de ser ejemplo para nadie, con más ganas, puede hacer lo que prefiera.

Eso sí, esta semana que comienza, espero las cartas de apoyo al expresidente, de los miles de ciudadanos que se sentirían honrados y felices de tener al señor Petro Urrego como su vecino. Como él mismo lo manifestó en su cuenta de X, tiene derecho a vivir donde él quiera, lo que es cierto. Esperemos a ver quién se arriesga a hacer negocios con una persona que tiene su integridad comprometida ante el gobierno de los Estados Unidos, por patrocinar con su inacción mientras ocupó el cargo más importante del país, uno de los flagelos que más daño le ha hecho a Colombia y a los colombianos: la droga.

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