Opinión

Mirando la paja en ojo ajeno

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

La entrevista que dio el excanciller Álvaro Leyva a Revista Semana, a través de su director Yesid Lancheros, me hizo recordar, en sus primeros cuatro minutos, las épocas de un expresidente de Colombia cuando decía “Siguiente pregunta, señor periodista”. No sé por qué ni de dónde, a los políticos de hoy se les ocurre que están en la potestad de manejar la entrevista y al entrevistador, determinando qué y cuándo les puede preguntar. No tienen en cuenta que el simple “no es que yo quiera” deja claro qué es lo que quieren.

Pero, volviendo con lo ocurrido entre Leyva y Lancheros, Leyva, notablemente molesto en cada una de sus respuestas, evidenció que se siente seguro sobre la ineficacia jurídica de aquellas grabaciones que se filtraron, donde parece tener intenciones golpistas. Dice que él es un “constitucionalista”, por haber vivido en carne propia el destierro, producto de un golpe de Estado, pero deja claro que quiere que Gustavo Petro se vaya, tal como lo ha expresado en sus cartas públicas, porque tiene al país “zarandeado” y necesita reposo.

Manifiesta que el delincuente es quien graba una conversación privada en donde debe haber “libertad de expresión” y utiliza las grabaciones. Parece que para el excanciller no debemos hacernos responsables de aquello que decimos, sea en privado o en público. Es claro que hay retórica en muchas conversaciones, que hay cosas que se dicen por impulso o catarsis, pero eso no significa que podamos hablar sin filtro y sin freno. Al señor Leyva hay que recordarle que el único que debe guardar absoluto silencio, es el sacerdote en el confesionario, el resto de las personas cuando tienen consciencia, toman medidas al conocer de posibles acciones impropias o delincuenciales.

El excanciller esquiva sus intenciones, amparado en que el presidente se puede enfermar o “se puede morir” y son normas constitucionales, las que indican qué camino se debe seguir. No considera que con sus opiniones esté incurriendo en “traición a la patria” porque, según dice, el Código Penal tipifica eso con el uso de armas y éste no es el caso.

Para Leyva, lo que está pasando es que el presidente está “atortolado” porque se va descubriendo lo que pasó o se supone pasó, en Manta, después de la posesión de Noboa a quien, recordemos, desconoció en primera instancia. Sin embargo, acompañó el acto de posesión y luego, desapareció en extrañas circunstancias y lugares que hoy, son motivo de investigación para el Gobierno de Ecuador.

Frente a las acusaciones sobre una visita a Nueva York hace algunos meses, dijo que es imposible, porque no ha ido “por allá” desde que era ministro. Argumenta que su relación con la familia Díaz – Balart es de vieja data y ya Mario Díaz – Balart, salió a desmentir dicho encuentro. Dice que tampoco se ha reunido con Marco Rubio, pero que le gustaría hablar con él.

De Francia Márquez, dice que ha sido “objeto de maltrato cobarde por negra” y que, en sus manos, el país quedaría en “unas manos estupendas”. ¿Será que Leyva recuerda que Francia no fue capaz de poner a andar el Ministerio de la Igualdad en dos años y que, con base en ello, nadie sensato le entregaría con tranquilidad el país? No, no lo recuerda porque, según dice, el problema del Ministerio fue la falta de presupuesto, lo que es falso, como se evidenció en los reportes de ejecución presupuestal. Es claro que, si por cualquier motivo faltase el presidente, por derecho, le corresponde el cargo a la vicepresidenta, pero que ella haya demostrado capacidad para ejercerlo, es otra cosa.

Dejó claro que el presidente no habla con los ministros, que los consejos de ministros son más “paja” que otra cosa. Incluso, recordó que Petro ponía a Laura Sarabia, hoy también excanciller, a que les pidiera la renuncia. Frente a la paz, dijo que él se debe al conflicto y que “Petro no conoció a su jefe como lo conocí yo. Eso es paja que él hubiera participado en la paz”, comentó con bastante desdén. “Ahí tiene un libro donde dice mentiras. Alguien le escribió la biografía”. Lo curioso de esto, es que el libro de Petro salió al mercado en 2021, un año antes de posesionarse como presidente y, a pesar de saber sobre las mentiras que decía el presidente en su libro, no tuvo reparo en hacer parte de su gobierno.

Se quejó porque el presidente Petro lo nombró ministro de Relaciones Exteriores y Paz, pero nunca lo dejó meterse en la paz, a pesar de su amplia experiencia, que lo llevó a crear el concepto de “Paz Total”. Para Leyva, el golpista es Petro, porque “está poniendo en peligro las instituciones, enfrentado a las cortes, al Congreso, porque está gobernando para un solo sector”.

Sin embargo, para Leyva, quien está realmente gobernando el país es Armando Benedetti, el mismo personaje que confesó ser un drogadicto. Frente las elecciones de 2026, Leyva duda de su realización por manos oscuras del presidente, a pesar de que es el mismo mandatario quien las pone en duda y culpa a Leyva de ello.

Frente al “Gran Acuerdo Nacional”, el excanciller considera que debe estar conformado por los gremios, los sindicatos, todo el sector productivo y que su finalidad es lograr un cierre de Gobierno “con garantías para todo el mundo”.

Recordó que una de las veces que estuvieron juntos en Chile, el presidente Petro lo alentó para que invitara a comer a su hijo, Jorge Leyva y, aquella vez, los meseros tuvieron que sacar casi cargado al presidente, según Leyva, porque “es malito para los tragos”. Acto seguido, a los actos protocolarios del día siguiente, el presidente Petro no apareció. Leyva dice que debió presentarse él y asumirlos.

Frente al proceso de los pasaportes, el director de Semana recordó que el presidente Petro había dicho que, durante el mandato de Leyva, el proceso estaba “impregnado de corrupción”. Sin embargo, con evidencia en mano, Leyva le dijo a Yesid Lancheros que, mientras estuvo como canciller, el proceso se ejecutó sin problemas y que fue Murillo cuando lo sucedió, “por bárbaros, por irresponsables” que se interrumpió, suponemos por orden de quién.

Leyva también habló del neoconstitucionalismo dialógico, como herramienta para ayudar a que Petro salga del poder. Sin embargo, de acuerdo con las explicaciones de Leyva, todo lo logran los argumentos que se le esgriman al presidente para impulsar su salida. El problema es que, conociendo al mandatario, no hay forma de que reflexione y acate lo que puede ser mejor para el país, sólo importa lo que él quiera.

Leyva considera que Petro va “en trance de golpismo”, por lo que reconoce que “los pasos que se están dando, van dirigidos a algo que no es explicable”. Ante la pregunta “¿Usted cree que Petro podría dar un golpe de Estado y quedarse en la Presidencia? Leyva responde “Es que las cosas no se preguntan así, ni yo las contesto de esa manera”. Para la próxima, hay que decirle al hombre de la paz, cómo le gustan las preguntas que quiere contestar.

En definitiva, Leyva es un hombre que mira más “la paja en el ojo ajeno, que la viga en el propio”, demostrando de manera constante, su falta de ética. Porque seguir y acolitar en silencio a un jefe que miente, se droga, se emborracha, se pierde de sus funciones y trata mal a sus pares para después, hablar mal de él, deja en evidencia su invertida o extraña escala de principios, lo que habla mal de él mismo, mucho más de lo que él puede hablar mal de otros.

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