Historias

No Matarás

Sandra Liliana Pinto Camacho

Sandra Liliana Pinto Camacho

Ingeniera Industrial PUJ & Administradora Hotelera AH&LA

https://www.warchildholland.org/news/paving-the-way-for-colombia-young-human-rights-defenders/

Desarrollo de la ponencia del programa Sapiens, una extensión del Centro de Pensamiento Libre, del jueves 7 de julio de 2022 “Una mirada al Informe Final de la Comisión de la Verdad” – https://fb.watch/e9s8n9itpC/

«Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será reo ante el tribunal».

Mt 5,21-22

Fue un discurso de silencios en los que se colaban gritos, sollozos, suspiros y las palabras del sacerdote jesuita Francisco de Roux quien de manera pausada preguntaba en una y otra ocasión “¿Cómo nos atrevimos a dejar que pasara? y ¿Cómo nos podemos atrever a permitir que continúe?”.

La violencia, la que nos ha acompañado desde el momento de nacer a casi todas las generaciones de este país; la que primero afectó a quienes estaban en el campo y en los municipios apartados y que luego se trasladó a través del desplazamiento y el exilio a las grandes capitales de Colombia y el mundo, era la protagonista de sus preguntas.

Cuando el 26 de septiembre de 2016 vimos como los enemigos entrelazaban sus manos en medio de aplausos que agitaban las mangas de las camisas blancas de los asistentes simulando el vuelo de palomas, celebramos lo impensable, un Acuerdo de Paz que ponía fin a más de medio siglo de violencia y que nos hacía soñar con una paz estable y duradera.

Y sí, las FARC entregaron sus armas a las Naciones Unidas y vivimos un año, el 2017, en el que probamos las dulces mieles de la paz que, como diría el padre de Roux cinco años y nueve meses después en la entrega del informe final de la Comisión de la Verdad, se conocería como el “año más tranquilo”, tranquilidad a la que una vez se ha conocido, no se quiere renunciar.

Con la firma del acuerdo comenzaría el trabajo más engorroso que ningún ser humano debería aceptar.  No tanto por su carga emocional o por el esfuerzo que representa abarcar todos los territorios hasta donde se irrigó la violencia, sino porque en nuestra propia subjetividad nos es imposible entender todas las causas que permitieran, como fue el objetivo de la comisión encabezada por el padre de Roux, “entender el pasado para no repetirlo[i]”.

Era inevitable para los comisionados no empatizar con el dolor de las comunidades indígenas y las de afrocolombianos, negros, raizales y palenqueros; con las organizaciones de víctimas y de mujeres; con los miembros de la Fuerza Pública, excombatientes y campesinos, y mantenerse firmes e imparciales.

Y como consecuencia de que no somos dioses sino simples mortales, en el acto intitulado “hay futuro si hay verdad” se desarrolló una narrativa sí, desde el punto de vista de las víctimas, pero desconociendo la realidad histórica en la que acontecieron los hechos, que no puede denominarse simplemente conflicto armado, sino que en realidad cumple con todas las características de una guerra.

Sólo bajo los criterios del Derecho de Guerra o del Derecho Internacional Humanitario (DIH) se entendería que, con la llegada de Álvaro Uribe Vélez a la presidencia en el 2002, hubiesen comenzado a disminuir los asesinatos que entre los años 1995 y 2005 durante también los gobiernos, liberal de Ernesto Samper y conservador de Andrés Pastrana, correspondieron al 75% de los 450.664 que en total ocurrieron durante todo el llamado conflicto.

Las acciones del expresidente Uribe fueron entonces reconocidas por los colombianos otorgándole la reelección y el porcentaje más alto de favorabilidad obtenido por presidente alguno del 80%.

En ese tiempo la guerra del Estado contra el mal llamado no sólo en Colombia sino internacionalmente “grupo terrorista” de las Farc, para algunos pocos justificó todo: utilizar inadecuadamente los recursos económicos otorgados por otros países para apoyar la guerra “contra las drogas”; asesinar a inocentes para obtener los privilegios que otorgaban a aquellos que lograban el mayor número de bajas e, incluso, utilizar los mismos métodos de la guerrilla pasando de ser militares en el día a paramilitares en la noche.

A pesar de lo bárbaras que puedan llegar a ser las guerras, el principal objetivo del DIH es “preservar un poco de humanidad para así poder salvar vidas y aliviar el sufrimiento, permitiendo además que sea posible volver a convivir cuando acabe la guerra[ii]”, como se intentó hacer posterior a la firma del Acuerdo de Paz.

https://www.warchildholland.org/news/paving-the-way-for-colombia-young-human-rights-defenders/

Hablar de conflicto y no de guerra es lo que tal vez impidió que en la entrega del informe final de la Comisión de la Verdad haya brillado por su ausencia el reconocimiento a la mayoría de los militares que actuaron honorablemente salvando la vida de muchos ciudadanos desde las trincheras de los pueblos atacados por todos los frentes con pipetas de gas o desarmando elementos explosivos que desalmadamente fueron colocados en inocentes animales o hasta en el cuello de una mujer en el caso del collar bomba para tratar de aliviar su sufrimiento en sus horas últimas, cumpliendo de manera admirable con el deber.

“Nos tomaría 17 años darle un minuto para honrar a cada una de las víctimas. [iii]

Decía el padre de Roux en medio de preguntas que confrontaron a la sociedad y que aún resuenan en el recinto:

“¿Por qué el país no se detuvo para exigir a la clase política desde temprano, negociar desde el principio una paz integral? ¿cuál fue el Estado y las instituciones que lo impidieron y más bien promovieron el conflicto armado? ¿dónde estaba el Congreso? ¿dónde los partidos políticos? ¿hasta dónde los que tomaron las armas calcularon las consecuencias brutales y macabras de su decisión?[iv]

Sus apropiadas reflexiones ardieron en los corazones de los presentes al reconocernos como una sociedad excluyente, inequitativa, racista, colonialista, patriarcal, corrupta, negacionista y violenta.

Al finalizar su discurso y mientras miles de personas alrededor del mundo comprendían la verdadera magnitud del mal llamado conflicto armado en Colombia, la recomendación no podía ser más obvia y al tiempo tan difícil de alcanzar en un país que aún hoy en día continúa en guerra:

“Pedimos a todos los colombianos y colombianas no matar, por ningún motivo, a nadie. [v]

[i] https://web.comisiondelaverdad.co/actualidad/noticias/comision-de-la-verdad-colombia-balance-2021#:~:text=La%20escucha%20plural%20en%20cifras,y%20306%20de%20entrevista%20colectiva.

[ii] https://www.icrc.org/es/document/que-son-las-leyes-de-la-guerra-y-por-que-son-importantes

[iii] Discurso del Padre Francisco de Roux en la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad.

[iv] Discurso del Padre Francisco de Roux en la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad.

[v] Discurso del Padre Francisco de Roux en la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad.

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