Opinión

Ocuparnos de lo importante

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

Lo que acaba de pasar Colombia con el terremoto del que apenas comienza a despertar, sumado a lo que está pasando en el Tolima es doloroso. Ver cómo el país intenta levantarse de una tragedia natural, mientras que una ocasionada toma fuerza, es indignante.

Como lo ha manifestado Adriana Matiz, gobernadora del Tolima, y lo hemos visto en todas las redes sociales, los incendios están siendo provocados por gente inescrupulosa a la que no le importa atentar contra la naturaleza misma, contra el ambiente y contra la vida. El terremoto nos quitó a más de 330 compatriotas y, sin ser eso suficiente, delincuentes perversos nos quitan la vida de animales y plantas que, no sólo son necesarios para mantener el equilibrio de nuestro ecosistema, son indispensables para mantener y conservar la belleza de nuestro país y de nuestra esperanza.

Sin embargo, no estamos sentados mirando cómo vamos a impedir que eso pase, cómo vamos a organizarnos en todo el país para lograr que ese patrón o conducta no se extienda. Estamos sentados criticando y viendo cómo critican la fe del presidente. Y sí, puede que uno profese una diferente, pero, ¿en qué afecta? Acaso, decir “Viva Cristo Rey” al cierre de sus alocuciones, ¿perjudica o daña a alguien? Estamos claros en que no soluciona nada, pero tampoco podemos desconocer que en 20 días de mandato y con dos tragedias diferentes encima, tenemos un jefe de Estado que ha estado para apoyar la solución de todo.

Y no es que le vaya a decir que yo soy la que vive con una camándula al hombro, pero sí he confirmado por estos días, que así uno no lo crea, tener un dios, el que a usted más le guste o elija, termina siendo la solución para muchas de las incomprensiones que tenemos los seres humanos sobre nosotros mismos. Así se evidencia en los grupos de rehabilitación de todo tipo de adicciones, por ejemplo. Cuando esas personas se vinculan realmente con el proceso, la fe termina siendo su estandarte, su fuerza y los ayuda a ir superando, paso a paso, su dependencia. Y no hablo de milagros, porque creo en ellos, pero sé que no se dan en todos los casos, hablo de la fortaleza que se encuentra en un ser superior para retomar el camino perdido o, por qué no, para encontrar uno nuevo, lejos de aquello que hace daño.

Y es que, no podemos negar que estamos en un punto en el que Colombia necesita su fe. Y hablo de la fe individual, de aquella que nace de su corazón de creer en el dios que usted prefiera o de concederle poderles supremos al Universo, al Sol o al astro que sea de su elección. Lo importante es entender que solos no somos capaces. Y no me refiero únicamente a la soledad que se padece cuando no se cuenta con otro humano, hablo también de la soledad que siente el corazón cuando no tiene hacia dónde mirar o, cuando al mirar ‘hacia arriba’ o hacia el horizonte, no ve nada.

Ese vacío que golpea y que nos hace sentir que desfalleceremos, es el que no puede seguir ocupando el corazón de los colombianos. Debemos ser capaces de mirar con esperanza hacia el futuro y encontrar en él una luz que nos indique el camino y eso, es lo que siento que está pasando con la fe del presidente, nos está mostrando que, gracias a esa luz, nuestro país podrá recuperar el rumbo.

Lo que no debe pasar, es que usted se siente a pensar “yo no creo en eso. Eso no es conmigo”, por el contrario, lo que usted debe hacer es encontrar aquello en lo que usted cree y darle el poder de transformar su vida y nuestro país. Es como cuando nos invitan a una fiesta de cumpleaños: la torta, la guirnalda y los regalos no tienen nuestro nombre, pero vamos con el objetivo de acompañar al cumpleañero, pasar una tarde divertida y gozarnos todo lo que ocurra. Aquí, será igual: puede que no profesemos la misma creencia, pero estamos en capacidad de entender y respetar la del otro, sintiendo que es a través de ella como reconstruimos, juntos y de la mano, a Colombia.

Y le voy a compartir algo que aprendí tiempo atrás: quienes desdibujamos la religión y la manera de profesarla somos las personas, porque la verdad a tener en cuenta es que Dios es amor y, si su actuar parte del amor verdadero, no dude de él.

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