“Perder es ganar un poco”, ahora suena absurdo

Esa pequeña – gran frase que conocimos por Francisco Maturana en las épocas en que dirigía la Selección Colombia de Mayores, nos la hizo recordar el presidente Petro en su alocución del sábado en la noche, ante el atentado cometido contra Miguel Uribe Turbay.
Según él, este tipo de cosas deben servir como aprendizaje y, aunque puedo entender el fondo del asunto, el momento en que lo presenta es inconveniente hasta más no poder. Mientras estábamos esperando que el jefe de Estado saliera en medios con fuerza a condenar el atentado contra la vida de un hombre, quizás hasta diciendo que ese niño que lo cometió es producto de la desintegración social y familiar que vivimos, pero que le será aplicado todo el peso de la ley porque necesitamos construir una sociedad basada en el respeto, todo quedó opacado, una vez más, por Bolívar, Hegel y Cien años de soledad, referencias que son poco útiles para sanar la herida de un país, de una persona.
Y aunque debemos reconocer que, al menos en esta ocasión, el presidente no fue explícitamente incendiario, ver la ausencia de decisiones contundentes sobre el tema, sin definir en quién recae la responsabilidad de la investigación y a quién le pedirá cuentas de los resultados, duele. Más aún, cuando dedica su alocución a defender con mayor vehemencia al agresor que a la víctima. Y referirse a Miguel Uribe como un árabe, como si eso pusiera distancia o diera entendimiento a lo sucedido, es bastante inconveniente, sobre todo si tenemos en cuenta que los orígenes familiares en este caso, no tienen nada qué ver con la situación por la que atraviesa y, mucho menos, van a solucionarla, cuando se encuentra entre la vida y la muerte.
Y, como perder es ganar un poco, los líderes de izquierda sintieron que este desafortunado hecho, retiró la atención del país de ellos, ocasionando que, a través de las redes sociales, comenzaran a preguntarse quién sería el político que le sacaría el mayor rédito al caso, todo porque varios políticos de derecha, estuvieron en la clínica acompañando a la familia Uribe Tarazona. Lo curioso del caso es que, quien de verdad quiso sacarle ventaja al tema, fue el Gobierno, a través de Hollman Morris en el ‘concierto de la esperanza’, que fue utilizado por el director de RTVC para convertir el hecho en la insignia del día. Lo triste es que la gente no respondió y el concierto terminó convirtiendo la Plaza de Bolívar más en una lucha, que en una oportunidad para la reconciliación.
Hasta el momento en que escribo estas líneas, la vida de Miguel Uribe continúa en vilo, pero sigue luchando. Mientras tanto, el delincuente está en poder del ICBF hasta que sanen sus heridas. Según la directora de esta entidad, el agresor «fue instrumentalizado dentro del marco de unos criminales», declaraciones que resultan curiosas cuando, durante la captura, como lo evidencian las cámaras de seguridad, él mismo dijo “Lo hice por plata, por mi familia. Perdón, lo hice por plata, por mi familia”, demostrando que, desde el principio, la idea del Gobierno es desviar la atención del agresor y del hecho.
Confiemos en la Fiscalía, en la judicialización del hecho y la condena. Porque no podemos permitir que nadie, desde ninguna orilla política, resuelva las diferencias a punta de balas. Ese no es el camino en ninguna democracia que se considere sensata.




