Opinión

Que actúen las instituciones, sigamos con el país

Sara Moreno Ruiz

Sara Moreno Ruiz

Columnista Invitada

Después de que el Congreso de la República negara la convocatoria a la consulta popular solicitada por el Ejecutivo —con una votación de 49 votos en contra y 47 a favor—, el presidente anunció que expediría la consulta por decreto, alegando que en la votación legislativa se habían producido violaciones a la Constitución, razón por la cual dicho acto sería inexistente.

El lunes 9 de junio, dos días después del atentado contra el precandidato presidencial de la oposición, Miguel Uribe Turbay, el presidente Gustavo Petro expidió el decreto que había anunciado. Dicho decreto, ahora conocido como “el decretazo”, ha sido tajantemente rechazado por la oposición y por sectores independientes, que lo consideran no solo una violación a la independencia de poderes, sino también innecesario y contraproducente en un momento de gran tensión política, en el que se hace urgente desescalar el tono del debate.

El miércoles 11 de junio, dos días después de haber decretado la convocatoria a la consulta —y a pesar de las voces que le pedían una pausa en las manifestaciones populares—, el presidente llegó a la ciudad de Cali, donde varios sectores de trabajadores habían organizado una movilización en respaldo a la medida. “Si el trabajador es tratado como esclavo, la mayoría del pueblo colombiano es tratada como esclava”, ha dicho el presidente en defensa de su reforma laboral, ahora a la espera de una consulta popular. El uso de estos términos ha sido objeto de críticas por parte de sus adversarios políticos, ha generado también reparos entre sectores independientes e, incluso, entre sus simpatizantes.

A pesar de los reclamos ciudadanos, en los últimos días, lejos de ceder, la tensión entre el gobierno y la oposición se ha acentuado alrededor del “decretazo”. Pareciera, sin embargo, que ya hay suficiente ilustración y manifestaciones a favor y en contra del decreto como para dejar actuar a las instituciones —en este caso, a las altas cortes— y ocuparnos, más bien, de otros temas que merecen de nuestra atención. Quiero citar uno sobre el que escribiré en mi próxima columna: la situación de vulnerabilidad de los niños en Colombia.

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