Secretario jurídico de la Presidencia renuncia a su visa estadounidense en solidaridad con Gustavo Petro

Augusto Ocampo, secretario jurídico de la Presidencia de la República, anunció que renunció voluntariamente a su visa de los Estados Unidos en un gesto de apoyo al presidente Gustavo Petro, luego de que el Gobierno estadounidense decidiera retirarle el visado al mandatario colombiano.
«He renunciado a mi visa en solidaridad con el presidente Petro y porque estoy convencido de que la dignidad está por encima de cualquier privilegio personal», afirmó Ocampo en un comunicado público. La decisión se da días después de la polémica generada por las manifestaciones del presidente en Times Square, Nueva York, el pasado 26 de septiembre.
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Durante su intervención en ese lugar, Petro utilizó un megáfono para invitar a los soldados estadounidenses a desobedecer las órdenes del expresidente Donald Trump, en un contexto de creciente tensión internacional. La reacción de Washington no se hizo esperar, y ese mismo día se oficializó la revocatoria de su visa diplomática.
Según el secretario jurídico, la soberanía nacional «no se condiciona ni se subordina». Aseguró además que «Colombia se respeta» y calificó la decisión de EE.UU. como una estrategia para «separar a Estados Unidos de Colombia», algo que, según él, «necesitan las mafias».
Petro, quien regresó a Bogotá en la madrugada del sábado 27, criticó fuertemente a la administración estadounidense. «Lo que hace el Gobierno de Estados Unidos conmigo rompe todas las normas de inmunidad en que se basa el funcionamiento de las Naciones Unidas y su Asamblea General», expresó.
El mandatario también cuestionó que se haya impedido la entrada de la Autoridad Palestina a la Asamblea General de la ONU y que se le haya retirado la visa «por pedirle al ejército de Estados Unidos y de Israel que no apoyen un genocidio». Para Petro, estos hechos evidencian que «el Gobierno de Estados Unidos ya no cumple con el derecho internacional».
En consecuencia, advirtió que la sede de Naciones Unidas no debería seguir en Nueva York, lo que intensifica el debate sobre el rol de EE.UU. como anfitrión de la diplomacia multilateral.




