Tabarnak, Câlice, Baptême

(Una pequeña reseña de las malas palabras de los Québecois y las Québecoise)
Cuando se habla de Canadá se habla de una sola, o sea, del paraíso en sí. Sin embargo, lo que muchas personas no saben es que Canadá es una cosa y Québec es otra.
En Canadá se habla inglés y en Québec francés y, por increíble que parezca, el tema del idioma tiene un fondo profundo y una herida tan grande que hasta la fecha no se ha podido sanar.
No obstante, ese asunto del idioma y de la bronca que se arma en algunos lugares de Québec por no hablar francés, tiene sus raíces en la guerra entre ingleses y franceses de la cual, definitivamente no voy a hablar.
Ahora bien, solo cuando uno anda en estas tierras con los pies sobre la misma, es que uno comienza a entender el porqué de todo este rollo. Sin lugar a dudas, hay una disputa enorme entre los canadienses y los québécois, hombres y mujeres por igual.
Para completar el asunto, si es evidente que hay una rencilla que no va a tener fin hasta que Québec logre separarse de Canadá, porque ya lo ha intentado en repetidas oportunidades, la animadversión contra la religión, sobre todo, contra la iglesia católica, no tiene cuando terminar. De hecho, es más fácil que Québec se vuelva el “amiguis” número uno de Canadá, a que exista un verdadero perdón de esta comunidad francófona hacía la iglesia.
El asunto es tan drástico que en la actualidad las iglesias católicas en Québec son convertidas en apartamentos porque simplemente la gente no va. Por supuesto, los latinos y otras comunidades católicas a nivel mundial que llegan aquí y buscan su templo y su cura o sacerdote, pero, los québécois y las québecoise no.
Para no hacer tan largo el asunto, debo decir que toda esta furia consentida no es gratis ni es casualidad. Lo que sucede es que en países como el nuestro, en donde la gente no tiene memoria, y por eso les es fácil olvidar las atrocidades que dicha institución ha llevado a cabo a través de la historia, pero, en Québec no olvidan.
Así es, no olvidan el atraso en que los sumergió la iglesia; no olvidan los abusos que van, desde decisiones en el poder, cuando podían, aunque suene a chascarrillo, hasta abusos sexuales contra niños y niñas de madres solteras y poblaciones indígenas. Simplemente, aquí no olvidan.
Pues bien, todo esto y mucho más, llevó a los québecois a desarrollar un lenguaje florido y agresivo que tiene que ver con palabras que representan a la iglesia católica como:
Tabarnak: tabernáculo.
Câlice: cáliz.
Baptême: Bautismo.
Por supuesto, la lista es más larga y, aunque para nosotros no signifique nada, el significado para ellos varía entre maldecir, aventar la madre, injuriar, ofender, burlarse y otras cosas; pero lo realmente curioso de todo esto, es el resentimiento que llevan estas palabras.
No sé, tal vez los québecois puedan pasar por resentidos, pero, lo cierto es que la iglesia católica aquí no tiene nada qué hacer; de hecho, muchos aseguran que dentro de un par de años los templos van a desaparecer.
Por supuesto, los inmigrantes seguimos siendo muy útiles, no solo para mantener a flote económicamente a estos dos países que en apariencia son uno solo, ayudándoles a estar en los estándares más altos de supuesta calidad de vida, sino que también, les alcanza para llevar dentro del coche a una institución que ya está mandada a recoger y a investigar.




