Opinión

Un pequeño gato, una gran lección

Diana María Castillo Trujillo

Diana María Castillo Trujillo

Comunicadora Social – Esp en Política, Cultura y Educación – Master en Dirección de Recursos Humanos.

Hace aproximadamente un mes, comencé a notar la presencia de un pequeño gato en mi conjunto residencial. Cada día parecía estar peor: permanecía escondido debajo de los vehículos, visiblemente enfermo y con señales evidentes de deterioro. Su mirada y su estado físico eran imposibles de ignorar.

Confieso que hubo momentos en los que me sentí impotente. Mi situación personal no ha sido sencilla: el duelo por la pérdida de mi madre, la pérdida de mi gato Gris, algunos quebrantos de salud y las dificultades económicas han hecho de este último año uno de los más desafiantes de mi vida. Sin embargo, no podía hacer de cuenta que aquel pequeño ser no existía.

Entonces comenzaron las llamadas, los mensajes y las publicaciones en redes sociales. Me comuniqué con médicos veterinarios, con rescatistas y con el Centro de Atención y Protección Animal (CAPA). Encontré personas dispuestas a escuchar y a tender una mano: la doctora Liliana Garrido, quien intercedió para que el caso fuera conocido; el doctor Dixon Mendoza; la rescatista Yurani Vanegas, quien acudió al conjunto para intentar capturarlo; y la administración y el consejo residencial, que posteriormente acogieron la iniciativa y comenzaron a trabajar en estrategias de sensibilización y tenencia responsable.

Durante semanas, muchos vecinos expresaron tristeza por la condición del animal. “¡Pobrecito!”, repetían algunos. Pero la compasión, cuando no se traduce en acciones, corre el riesgo de convertirse en una simple palabra.

El viernes pasado, la rescatista Yurani Vanegas y el doctor Dixon Mendoza hicieron un esfuerzo por capturarlo, pero no fue posible. Días después, y luego de que se informara a la comunidad que CAPA había abierto un espacio para recibirlo, un vecino decidió sumarse al esfuerzo y ayudó a capturarlo para trasladarlo al Centro de Atención y Protección Animal.

A raíz de esta situación, la administración del conjunto inició un proceso de sensibilización con la comunidad. Se están realizando censos de animales, compartiendo información sobre protección y bienestar animal, y se anunció una jornada de capacitación sobre tenencia responsable con el acompañamiento de las autoridades competentes.

Todo esto gracias a un pequeño gato.

Vivimos en una sociedad en la que con frecuencia encontramos tiempo para la crítica y para señalar las fallas de los demás. Sin embargo, cuando el sufrimiento toca nuestra puerta, muchas veces preferimos mirar hacia otro lado. La indiferencia no siempre se manifiesta con palabras duras; a veces, se manifiesta simplemente no haciendo nada.

Esta columna no pretende señalar culpables. Por el contrario, busca hacer una invitación a la corresponsabilidad. La protección animal no es tarea exclusiva de las autoridades, ni de las fundaciones, ni de un vecino en particular. Es una responsabilidad compartida entre ciudadanos, administraciones y entidades públicas.

Al cierre de esta columna, el doctor Dixon Mendoza nos confirmó una noticia que entristeció profundamente a quienes seguimos de cerca este caso. El pequeño gato llegó a CAPA en un estado crítico: padecía leucemia felina, inmunodeficiencia, una anemia severa y presentaba lesiones dolorosas en su boca. Su condición era incompatible con una recuperación digna y, al día siguiente de su ingreso, fue necesario practicarle la eutanasia para poner fin a su sufrimiento.

Confieso que la noticia me produjo un profundo dolor. Durante semanas, muchos nos preguntamos si lograría tener una segunda oportunidad. Sin embargo, hoy entiendo que el propósito de esta historia nunca fue únicamente salvar a un gato.

Quizá ese pequeño nunca sepa todo lo que provocó con su llegada. Gracias a él, una comunidad comenzó a hablar de empatía, de protección animal y de trabajo en equipo. Gracias a él, vecinos, médicos veterinarios, rescatistas y autoridades se unieron en torno a una misma causa.

No pudimos salvar su vida, pero sí pudimos evitar que muriera en el abandono. Y, a veces, el amor también consiste en acompañar a alguien hasta el final.

La indiferencia también puede enfermar a una sociedad, pero basta una persona dispuesta a actuar para comenzar a transformarla. Un pequeño gato nos dejó una gran lección, y esa lección permanecerá mucho después de que su maullido se haya apagado.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
  • https://virtual4.emisorasvirtuales.com:8190/live
  • Tolima Online