Historias

Una mula

Martha Lucía Barbieri

Comunicadora Social -Yo soy la que soy –

Reitero que la palabra y el amor tienen tantas aristas que se puede escribir sobre éstos un texto diferente cada vez. A través del tiempo el sexo al cual pertenecemos también nos ha dividido de alguna manera lingüísticamente, incluso en la actualidad, cuando se supone que las mentes están más abiertas, escuchamos frases que califican y encasillan a la persona según sea hombre o mujer.

En días pasados escuché de manera accidental una estación de radio algo bulliciosa. La persona tras el micrófono pretendía captar audiencia masculina con lo que para él y su mente obtusa era un chiste. Hablaba sobre la importancia de saber «conducir» a las mujeres y daba sus «consejitos» con un lenguaje degradante, cosificándolas y haciendo analogía con una tractomula.

Animaba a su audiencia a aprender a «manejar» a las mujeres, ya que, según él, si eran capaces de esto, eran también competentes para manejar una mula de más de 16 velocidades pues iba a ser mucho más fácil «meterle» los cambios.

En su rol irresponsable, hacía además un juego de palabras con el vocablo mula cuando es comparable con una persona obstinada, ignorante y con bajas capacidades. No me enfrascaré en esa emisión radial, con risas de fondo, en las que se usaron dos de las tres acepciones de mula para compararlas con las mujeres.

Lo anterior me hizo recordar palabras, frases, refranes y expresiones que suelen usarse para referirse a las personas según su sexo. Además, reviví una pregunta que me hizo alguien cuando yo aún era muy joven: «Tú qué prefieres a un hombre de ciencia o a un hombre de letras…porque tú eres una mujer de su casa, una niña bien, que merece un hombre de buena fe, de carácter y buen corazón…», prosiguió en su cuestionamiento y calificación dicha persona.

Educada en el patriarcado y para ser una «buena mujer«, me sentí casi un objeto decorativo con tantos calificativos sexistas y en ese momento respondí que yo ya me estaba formando como una mujer de letras y de carácter y que ser una «mujer de la casa» era algo más que imaginar el entorno sumiso y doméstico al que la sociedad estaba acostumbrada.

Todo lo anterior, trajo a mi pensamiento algunas frases que escuchamos cotidianamente, en ellas no sólo están esos hombres de letras y de ciencia (curiosamente los he amado a ambos), también recordé a los hombres de una sola pieza, a los hombres de palabra, a los hombres de bien, a aquellos hombres con los pantalones bien puestos, a los hombres de pelo en pecho, a los hombres de negocios y de éxito, a los hombres de estado y los que además hablan de hombre a hombre. A mi repertorio añadí lo que escucho sobre las mujeres y hallé a las que son todo un bombón (un dulce comestible), la buena mujer de hogar, la mujer fatal, la mujer diez, las que son una bandera o una boleta, a las brujas, las histéricas y las locas. Además, ese parecido y semejanza de la hembra con cuanto animal existe en la naturaleza, una nómina que contiene mulas, víboras, vacas, zorras, perras, cacatúas, cotorras, ratas, arpías, conejas…, forman parte de un catálogo y registro utilizado peyorativamente para calificar a las féminas. Mucho menos común es escuchar hablar de una mujer de estado o de ciencia y ni en sueños que tengan pelos por ningún lado.

Recién ingresé a la facultad de Comunicación Social y Periodismo, escuchaba el canto oculto que hombres y mujeres le hacían a una compañera «no tiene talento, pero es muy buena moza…» se escuchaba en los pasillos. Les cuento que la mujer era un buen ser humano, tenía talento y era muy, muy buena moza. Cuánto nos gozamos bailando nosotras mismas ese tema.

Desdibujemos la educación de cerebros rosados, azules o arcoíris, desdibujemos la lucha de poderes promoviendo educación sexo–afectiva sin encasillar roles.

Porque es jueves de volver a lo que fue, lo que es, lo que siempre será…porque simplemente quise dejarles mi pensamiento y porque hay que ser responsables también con las palabras.

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