Opinión

Amenazas veladas

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

Definitivamente, escuchar al presidente Petro debería considerarse terapia de choque, porque no es fácil conservar la paciencia mientras se hace. Un hombre que está todo el tiempo quejándose de los ataques que recibe, pero que jamás cesa los suyos contra otros, llega a ser un poco exasperante, más, cuando todo está puesto sobre verdades a medias o acomodadas, según se prefiera.

Su queja permanente por las “fake news”, esas que, según él, salen en Caracol o RCN y desconocen sus obras, contrastan con todas las que él produce en cada discurso. Como el que pronunció ayer, 20 de julio, en el sur de Bogotá, donde dijo muchas cosas sin sentido y que, evidentemente, sólo hacen parte de la narrativa que continúa construyendo para su salida del poder.

Retomó esa historia del fraude en las elecciones, diciendo que “el pueblo de Colombia eligió como presidente a Iván Cepeda” desconociendo el resultado que se produjo en las urnas. Se comprometió a publicar en la noche, la demanda que dijo haber radicado por los “70.000 testigos digitales” que, en algoritmos y computadoras, comprobaron dicho fraude. No pudo, de nuevo, dejar de culpar a los hermanos Bautista que “deben ir a la cárcel”. Lo que el presidente no ha podido entender es que, en el sistema electoral de Colombia, nada se comprueba de forma digital. El escrutinio se hace manualmente y es ese el que confirma el preconteo.

Lo triste de toda esta verborrea del presidente Petro, es que sigue sin reconocer que al nuevo gobierno lo montó su mal desgobierno, por el incumplimiento de promesas y con el mismo sistema electoral que hoy, toma otra decisión.

Escuchar a un presidente destilar tanto veneno, no tiene fundamento. Ya estuvo en el poder y tuvo la oportunidad de crear la mejor historia para la izquierda en Colombia, pero lo único que hizo fue cambiar las arcas de su círculo cercano con prebendas y beneficios indebidos, gracias al mal uso del erario.

Fue un discurso cargado de comentarios hacia el presidente electo, en el que vinculó hasta a Trump y a Israel en el supuesto fraude, mientras seguimos esperando las universidades, el agua en la Guajira y los nuevos hospitales en las zonas apartadas de Colombia. Muy descarado que, a esta altura del partido, todavía tenga la osadía de comparar las cifras de su gobierno con las de la pandemia o de la toma guerrillera que ellos mismo patrocinaron. Nada de equidad en su discurso.

Frente a la educación, indicó que el 97 % de los jóvenes estudia gratuitamente y, aunque la cifra me parece excesiva si pensamos en la totalidad de los estudiantes en Colombia, olvidó decir que ese beneficio se alcanzó gracias a la Matrícula Cero, implementada en el Gobierno Duque. En cuanto al Gobierno Petro, seguimos esperando las 100 universidades que prometió y que en cuatro años no llegaron…

Les confieso que ver a Francia Márquez y su cara durante todo el evento, me dijo mucho. Su expresión facial y su inexpresión corporal, evidenciaron que no se sentía cómoda en esa tarima. Aún sigo pensando en la oportunidad que perdió, al no ejercer ni como vicepresidente, ni como ministra de la Igualdad, según ella, porque fue discriminada. Y, aunque eso no parece mentira después de ver al presidente Petro relegando la opinión de un “negro” por estar en desacuerdo con el nombramiento en un viceministerio, de un “actor porno” cuya experticia era crear un sindicato en un burdel en París, o cuestionando a los negros por ser conservadores, dejando en evidencia que la independencia de pensamiento no fue una de las capacidades de este gobierno, sigo creyendo que Francia debió ser más leal a su pueblo y a sus votantes y corresponder con trabajo arduo por ellos. Se le fueron cuatro años y no hizo nada. Sólo montó en helicóptero.

El presidente Petro estuvo dedicado a derramar flores sobre los logros de su gobierno, dejando solo una duda: si todo salió tan bien, ¿por qué Colombia no lo vio y no lo respaldó en las urnas? Eso sí, tuvo el descaro de decir que a la inversión en salud y educación que su gobierno hizo, “lo llaman derroche”… No señor, a eso no. Derroche son las almohadas y cobijas de pluma; los viajes con la novia de turno a diferentes partes del país; el pago de sus abogados para sacarlo junto a su familia de la Lista OFAC; la comitiva de Verónica compuesta de fotógrafo, estilista y masajeador de mil millones anuales; el salario que recibe Juliana Guerrero por ser de su séquito, no por trabajar para el país.

Habló de humildad, su principal ausencia, no de la Selección Colombia, como dijo. Fue él mismo quien se dedicó a culpar a todos los demás de de sus fracasos, porque es incapaz de liderar con el ejemplo y el respeto. También habló de codicia, cuando es él quien se ha dedicado a pasear gracias a nuestros impuestos porque Panamá, Manta y el Vaticano, no fueron visitas que beneficiaron al país.

De las exportaciones dijo que en Colombia, “antes no se exportaba ni una bicicleta”, olvidando que las flores, el café y los textiles han estado a la orden del día durante décadas. Sin embargo, aún hoy no se exportan carros eléctricos, como lo quiere hacer creer el presidente. Es cierto que su gobierno bajó los aranceles al 0 % para fabricar los carros en nuestro país, pero aún esos beneficios no arrojan ese resultado.

Dijo que ascendió a patrulleros y patrulleras de las FF.MM que estaban estancados. ¿Sería porque con la “descabezada” que ejecutó en la cúpula militar al llegar a la Presidencia, obligó a ascender a quienes no estaban del todo preparados para la labor? Además, dijo que antes, los jóvenes corrían de los camiones del Ejército cuando los querían reclutar a la fuerza, pero que hoy, se integran por su propia voluntad. ¿Qué le dirán aquellos que prefirieron optar por retirarse cuando él, como su jefe supremo, los abandonó, los dejó a su suerte y les pidió que se congelaran?

De la reforma agraria que emprendió, dijo que hay 600 mil hectáreas que no fueron adjudicadas. Lo que debemos preguntarle es si las que adjudicó, ya las escrituró, porque según se han quejado los propios beneficiarios, les asignaron unos predios, pero sin títulos de propiedad, lo que significa que, realmente, los campesinos no tienen nada, porque sin título nada les pertenece.

Después de tanta imprecisión, tuvo la brillante idea de proponer cosas como “alistemos la resistencia… pacífica”… aunque ese “pacífica” le costó pronunciarlo y dijo que se debe entrar a una “huelga general permanente”, todo porque, después de quejarse tanto de Uribe, terminó peor, al pretender acabar con el país, sólo porque la mayoría no quiso continuar con su proyecto político en el poder. Como de costumbre, quiere que otros hagan lo que a él, gracias a Dios, le quedó grande: acabar con el país.

Lo que le espera al presidente electo no es fácil, porque lo que Petro está haciendo es preparar a sus ejércitos para una segunda toma del país, esta vez, con falsos argumentos y muchas mentiras. De aquí en adelante, debemos estar muy atentos a todas esas amenazas veladas que aparezcan en el camino. Debemos ayudar a que no se concreten.

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