Opinión

CERATI ETERNO

Diana María Castillo Trujillo

Diana María Castillo Trujillo

Comunicadora Social – Esp en Política, Cultura y Educación – Master en Dirección de Recursos Humanos.

Hay artistas que pasan por nuestras vidas y nos dejan canciones. Hay otros que consiguen algo mucho más difícil: convertirse en parte de nuestros recuerdos, de nuestra historia y hasta de quienes somos.

Gustavo Cerati fue uno de ellos.

El pasado 4 de septiembre se cumplieron doce años de su partida. Doce años desde que aquel hombre que transformó para siempre el rock en español dejó de respirar, después de permanecer cuatro años en coma tras sufrir un accidente cerebrovascular luego de un concierto en Caracas, Venezuela.

Pero hay algo que Cerati nunca dejó de hacer: sonar.

Y quizá esa sea la mejor manera de entender la eternidad de un artista.

Yo pertenezco a esa generación que creció entre los años ochenta y noventa. Una generación que descubrió la música de una manera completamente diferente a como la conocemos hoy. No teníamos Spotify, YouTube ni listas personalizadas. Teníamos la radio.

Esperábamos que nuestra canción favorita apareciera en la programación. Grabábamos canciones en casetes. Después llegaron los CD y tener el disco de nuestro artista favorito era casi como tener un tesoro.

En Colombia, una de las emisoras que marcó a toda una generación fue Radioactiva. Y fue también a través de la radio que empecé a acercarme cada vez más a Soda Stereo.

Primero llegaron canciones como “Persiana Americana”, “Cuando pase el temblor”, “En la ciudad de la furia” y tantas otras que terminaron convirtiéndose en himnos.

Pero hubo un álbum que para mí significó algo diferente: “Zona de Promesas”.

Mi mamá me regaló aquel CD, que reunía nuevas versiones y remixes de algunas de las canciones más recordadas de Soda Stereo, y desde ese momento Gustavo Cerati dejó de ser simplemente un cantante que escuchaba en la radio para convertirse en uno de esos artistas que se quedan contigo.

Y se quedó.

Soda Stereo, formado en Buenos Aires por Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti, se convirtió en una de las bandas más influyentes de la historia del rock latinoamericano. Su música cruzó fronteras y consiguió algo que parecía imposible: que millones de jóvenes de distintos países se sintieran identificados con una banda argentina.

Cerati no solamente cantaba.

Componía. Producía. Tocaba. Experimentaba.

Y, sobre todo, tenía una capacidad extraordinaria para convertir sentimientos complejos en palabras.

Después de la separación de Soda Stereo, llegó su carrera como solista y con ella otra etapa de su genialidad. “Bocanada”, “Siempre es hoy”, “Ahí vamos” y “Fuerza natural” demostraron que detrás del líder de Soda Stereo había un músico con una enorme necesidad de explorar nuevos sonidos.

Y llegaron canciones que también se volvieron inolvidables.

“Puente”, por ejemplo, es una de esas canciones que parecen no envejecer.

Pero hay otra que para mí tiene un significado todavía más profundo: “Té para tres”.

Cerati escribió aquella canción a partir de la enfermedad de su padre y de una experiencia familiar marcada por el cáncer.

Quizá por eso, después de haber perdido a mi propia mamá el año pasado por esa misma enfermedad, escucharla hoy ya no significa lo mismo para mí.

Hay canciones que uno escucha.

Y hay canciones que uno siente.

“Té para tres” pertenece a la segunda categoría.

Porque eso también es la música: un lugar donde algunas personas que nunca conocimos personalmente terminan acompañándonos en momentos que jamás imaginaron.

Cerati fue reconocido durante su carrera con numerosos premios y distinciones. Ganó seis Latin Grammy, entre ellos el de Mejor Álbum de Rock por “Fuerza Natural” en 2010. Ese mismo año, mientras él permanecía en coma después del accidente cerebrovascular sufrido en Caracas, su música continuaba siendo reconocida.

Y ahí está una de las grandes paradojas de su historia.

Mientras su cuerpo permanecía inmóvil, su música seguía moviéndose por el mundo.

Doce años después, sigue haciéndolo.

Cerati perteneció a una generación de músicos que nos enseñó que no hacía falta esconderse detrás de demasiados artificios para demostrar talento. Su voz, su guitarra, sus composiciones y su manera de interpretar fueron suficientes para construir una carrera que todavía hoy inspira a nuevas generaciones.

Pero quizá lo más hermoso de Cerati no está en los premios.

Está en lo que dejó en nosotros.

Está en aquel adolescente que escuchó por primera vez a Soda Stereo.

Está en quien se enamoró escuchando una canción.

En quien atravesó una ruptura acompañado por sus letras.

En quien viajó escuchando “De música ligera”.

En quien todavía siente algo especial cuando comienza a sonar “Persiana Americana”.

En quien, como yo, vuelve a “Zona de Promesas” y recuerda una época, una familia, una mamá y una parte de su propia vida.

Porque al final, los grandes artistas no solamente crean música: crean recuerdos.

Y por eso Gustavo Cerati no murió del todo aquel 4 de septiembre de 2014.

Se fue el hombre.

Pero quedó el artista.

Quedó su voz.

Quedaron sus canciones.

Quedaron sus guitarras.

Quedó su poesía.

Quedó Soda Stereo.

Y quedó una generación completa que todavía puede cerrar los ojos y volver, por unos minutos, a aquellos años en los que una canción sonando en la radio podía cambiarte el día entero.

Cerati alguna vez cerró una etapa frente a miles de personas con una frase que quedó para siempre en la historia de la música latinoamericana:

“Gracias… totales”.

Hoy somos nosotros quienes podemos responderle.

Gracias a ti, Gustavo.

Gracias por la música.

Gracias por la poesía.

Gracias por acompañar generaciones enteras.

Gracias por haber demostrado que el rock en español podía conquistar el mundo sin perder su identidad.

Y gracias por esas canciones que, incluso después de doce años, siguen encontrándonos cuando más las necesitamos.

Porque hay artistas que llenan estadios.

Hay artistas que llenan recuerdos.

Cerati hizo las dos cosas.

Y mientras exista alguien que vuelva a escuchar su música, que cante sus canciones, que descubra a Soda Stereo por primera vez o que cierre los ojos al escuchar “Puente”, Gustavo Cerati seguirá estando aquí.

En nuestra memoria.

En nuestra música.

En nuestro corazón.

Gracias totales.

CERATI ETERNO ❤️

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