Opinión

De la Hoguera en la Inquisición al Feminicidio Actual

Sandra Liliana Pinto Camacho

Ingeniera Industrial PUJ & Administradora Hotelera AH&LA

Los cálculos sobre la cantidad de mujeres quemadas por cometer el delito de la brujería durante la inquisición son extremadamente distintos, pues van desde la cifra mínima de 40 mil hasta los 2 millones de víctimas entre finales del siglo XVI y finales del siglo XVIII.

Esta diferencia en las cifras pareciera recordar las del holocausto nazi también conocido como la “solución final”, en la que dada la dificultad para establecer cifras certeras se ha tomado la cifra simbólica de seis millones de muertos en torno a la comunidad judía.

El Malleus Maleficarum (del latín martillo de las brujas), fue el manual de cacería de brujas por excelencia.  Fue presentado a la Facultad de Teología de la Universidad de Colonia el 9 de mayo de 1487 por Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, dos monjes dominicos inquisidores a los que el Papa Inocencio VIII concedió la bula Summis desiderantes affectibus (latino para «desear con fervor supremo») a través de un decreto papal del 5 de diciembre de 1484, en el que se reconoció la existencia de las brujas, derogando así el Canon Episcopi de 906, donde la Iglesia sostenía que creer en brujas era una herejía.

Su traductor, Montague Summers, lo describió como: “uno de los libros más importantes, sabios e influyentes del mundo” y la revolución de la imprenta del siglo XV le permitió ser el segundo texto más vendido después de la biblia durante más de 200 años.

El libro tiene tres partes en las que, en resumen, se refieren al alejamiento de la fe, las prácticas perversas de las brujas y la manera, para los inquisidores, de descubrir, examinar, encontrar, interrogar y, sobre todo, torturar a la supuesta bruja.

Con el Malleus Maleficarum es la primera vez en la historia que aparecen integrados en un mismo escrito la criminología (el origen del mal), con el derecho penal (las manifestaciones del mal) y la criminalística, es decir, los datos necesarios para descubrir el mal en la práctica.

El sistema de interrogación del libro es poco más que impresionante: preguntas desconcertantes para confundir a la acusada; intimidación con terribles castigos para quebrarles la moral; promesas, a manera de recompensas, para quien las delatara.

A estos “voluntarios” se les mantenía en secreto su identidad, lo que desató una oleada de falsas acusaciones contra gente común y corriente por parte de envidiosos o por lo que conocemos hoy como “falsos testigos”, entre otros fines para que a las acusadas se les incautaran sus bienes (“extinción de dominio”, en la terminología actual).

El libro incluye de manera indiscriminada sentencias, juicios y frases en contra de la mujer, citando como fuente a santos como Agustín de Hipona y Tomás de Aquino; filósofos como Aristóteles e inclusive pasajes del antiguo testamento de la Biblia, para respaldarse:

“¿Qué otra cosa es una mujer sino un enemigo de la amistad, un castigo inevitable, un mal necesario, tentación natural, calamidad deseable, peligro doméstico, deleitable detrimento, mal de la naturaleza, pintado con alegres colores? Por tanto, es en verdad una tortura necesaria”.

“Son más crédulas, y como el principal objetivo del demonio es corromper la fe, prefiere atacarlas a ellas. Segunda razón: por naturaleza las mujeres son más impresionables y más prontas a recibir la influencia de un espíritu desencarnado. Tercera razón: tienen una lengua móvil, incapaz de ocultar a sus congéneres lo que conocen por malas artes”.

“También tienen memoria débil y en ellas es un vicio natural no ser disciplinadas para lo que les corresponde hacer… Pues como son embusteras por naturaleza, así también en su habla hieren mientras nos deleitan. Atraen a los hombres y los matan, consumiendo sus fuerzas y haciéndolos abandonar a Dios. Cuando hablan es un deleite que aroma el pecado”.

“Hubo un defecto en la formación de la primera mujer. Fue formada de una costilla curva, la del pecho, encorvada en dirección contraria a la del hombre. Y debido a este defecto es un animal imperfecto que siempre engaña”.

“Toda brujería proviene del apetito sexual, que en las mujeres es insaciable. Por eso, para satisfacerlo, se unen en contacto carnal hasta con el demonio”.

Entre líneas se percibe que esta “cacería de brujas” también se trató del exterminio de aquellas mujeres empoderadas, conocedoras, libres, irreverentes, que no se ajustaban a los cánones de la época o que les incomodaban a algunos, terminando en asesinatos indiscriminados, y en el ejemplarizante inicio de la construcción de sociedades “de bien”, misóginas y patriarcales.

El continuar escuchando algunas de estas frases en el argot popular nos lleva a preguntarnos si la influencia de esta oscura obra que condenó a millones de mujeres inocentes a la hoguera entre los siglos XVI y XVIII aún estará vigente, motivando los feminicidios que vemos en los medios de comunicación todos los días.

El Aquelarre, Óleo de Francisco Goya. 1797-1798. Museo Lázaro Galdiano, Madrid.

La terrible historia detrás de El Aquelarre de Goya

Se cree que Goya realizó esta pintura sobre brujas influenciado por su amigo el escritor Moratín, que rescató del olvido el escrito del Auto de Fe del Juicio contra las brujas de Zugarramurdi de 1610.

En Logroño, en 1610 se realizó un Auto de Fe contra varias mujeres -y algunos hombres- del pueblo de Zugarramurdi, en Navarra. Después de torturarlos se consiguieron confesiones y delaciones. 10 mujeres ardieron en la plaza de Logroño (algunas de ellas ya habían muerto previamente en prisión). El impresor Juan de Mongastón relató y publicó el Auto de Fe en 1611, y Goya, a través de Moratín, seguramente tuvo acceso a este escrito.

Goya lo plasmó con total maestría en su pintura, consiguiendo provocar en el espectador un desasosiego cercano a la pesadilla como una crítica tanto a la Iglesia como a la ignorancia y la superstición que, a base de miedo y torturas,  conseguían que los indiciados confesaran delitos terribles.

Si miramos el cuadro, vemos iluminado por la luna a un macho cabrío, que representa al diablo, que tiende sus patas hacia dos brujas que le ofrecen unos niños. Las brujas representan a dos de las mujeres juzgadas en el auto, María Presoná y María Joanto, a las que hicieron confesar haber matado a sus hijos para contentar al demonio.

A la izquierda cuelgan de un palo varios niños. Parecen demacrados y esqueléticos, lo mismo que los dos que están en el suelo. Hicieron confesar a las “brujas” que los chupaban por el ano y los genitales (sieso y natura) hasta la muerte.

Cuatro mujeres desnudas o Las cuatro brujas, Alberto Durero, 1497.

La obra de Durero y la apariencia de las brujas

Aunque Durero nunca tituló la obra dando pie a la controversia, el enigma que la envuelve ha sido y sigue siendo motivo de análisis académico porque, los historiadores del arte no llegan a consensuar ni su tema ni su significado. Esta estampa es la primera de Durero fechada y la primera con desnudos femeninos. Se cree que describe un hecho real y parece relacionada con el Malleus maleficarum ya que acompañó en muchas ocasiones sus ediciones impresas.

En él se puede contemplar a cuatro mujeres jóvenes que están desnudas. Son bellas y exuberantes y parecen estar dispuestas a realizar una “invocación” formando la figura de un círculo con sus cuerpos en el interior de una habitación en la que se pueden apreciar varias entradas.

No obstante, y aunque la desnudez de las mujeres evoca erotismo y lujuria, si observamos un poco más la escena, veremos en la parte inferior izquierda a un pequeño demonio que parece ver y escuchar a las mujeres. Lo que nos hace pensar que la intención del grabado traspasa la mera sexualidad es que “el diablillo” porta en su mano izquierda otro elemento que se asocia con el mal, un artilugio de caza, además de estar envuelto en llamas.

Los peinados o tocados de las cuatro mujeres hacen pensar que pertenecen a diferentes estratos sociales. Por lo que una visión más profunda, podría llevarnos a considerar que no importa la clase social de las mujeres, ya que, en esencia no hay diferencia entre ellas.

Están paradas debajo de lo que se asemeja a una esfera en la que puede verse una fecha, 1491. Cambiando de plano, justo a sus pies en el centro del círculo hay un cráneo humano y, fuera de la circunferencia hay otros huesos de persona a los que parecen prestarles poca atención. No obstante, estos objetos en el suelo son recordatorios de la muerte o más bien, podrían ser objetos para realizar invocaciones mágicas, y que, vista su naturaleza, sólo podría ser la invocación del demonio.

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