Opinión

¿El deber ser?

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

La pelea entre el fiscal Barbosa y el presidente Petro, está como para alquilar balcón. El presidente y el funcionario de justicia más importante de nuestro país, protagonizan una confrontación que se da en los medios, en las redes, pero que, como todo en el mundo moderno, cada día pierde la oportunidad de resolverse frente a frente con argumentos, sensatez y respeto. Qué bueno sería que, en vez de estarse hablando a través de ruedas de prensa, entrevistas o declaraciones, se sentaran como adultos y aclararan sus diferencias, al fin de cuentas, su buen juicio es el que guía este país. Pero el comportamiento de nuestros líderes habla del camino que nos espera.

No vamos a entrar a discutir si el presidente es el jefe del fiscal o no, porque estamos claros en que, en nuestra democracia, la independencia de poderes existe y la de la Fiscalía debería darse cabalmente. Digo “debería», porque esta discusión tiene una raíz que necesitamos reconocer: el presidente Petro no ha tenido la oportunidad de escoger su fiscal, como lo han hecho todos sus predecesores desde que se creó este cargo con la Constitución de 1991. Recordemos que la elección del fiscal se da de una terna que presenta el presidente de la República ante la Corte Suprema de Justicia, por eso es que la oposición, en cada elección, se queja por el presidente queda con un fiscal de bolsillo. Porque, seamos honestos ¿Quién va a proponer un contrario, un detractor, un enemigo para un trabajo? ¿Quién le va a dar a un opuesto de pensamiento o ideología, la oportunidad para que fiscalice todos sus movimientos, además, sabiendo que su deber es tomar medidas legales cuando no se cumpla con la ley? ¡Nadie! De hecho, si de alguien esperamos la honestidad para que nos diga que nos equivocamos, es de un amigo.

Esta oportunidad nos debe llevar a reflexionar sobre si la elección del fiscal está concebida de manera correcta, porque, como es lógico, ningún presidente presentará una opción en la que no crea, como profesional y como persona. ¿Mecanismos para cambiar? Podríamos pensar, por ejemplo, en que la terna, en vez de ser presentada por el presidente, fuera elegida en el Congreso, donde hay aliados y detractores del gobierno de turno, de esta forma, sería más probable que entraran a participar en la ecuación las personas que cumplan con todos los requisitos que el cargo requiere y amerita, más que los amigos o seguidores fervorosos del presidente. De esta forma, la Corte Suprema de Justicia entraría a elegir entre profesionales idóneos, capacitados y, ojalá, comprometidos con la causa de sacar adelante la justicia en nuestro país.

Quizás, proponer un cambio en un sistema establecido como éste, reúne demasiada ilusión, no lo puedo negar; sin embargo, siempre debemos tener presente cuáles procedimientos son susceptibles de mejora y tenerlos presentes para, cuando se requiera, ajustarlos. Necesitamos un país que esté liderado por los mejores, sean del partido que sea, crean en lo que crean, pero que hagan a diario, lo que sea mejor para nuestra Colombia y su desarrollo.

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