En la búsqueda de la ética perdida

Mucho se habla en la academia de la ética periodística y lo que significa no solo para el profesional que la ejerce si no también para el país que la recibe. Sin embargo, hablar de ética, y más en el periodismo, es una verdadera quimera.
Del mismo modo, mucho aseguran que el periodismo de antes era el verdadero; no obstante, eso no es cierto, ni en la tierra de los gringos, ni en la Europa, ni la Asia y mucho menos en las tierras en donde se habla español, se ha cumplido con la ética.
Lo anterior es muy sencillo: el periodismo, desde los mismos inicios de su creación, ha estado involucrado con asuntos de dinero y poder, sin dejar de lado por supuesto, que ha estado ligado a momentos históricos como guerras, masacres, violencia y no precisamente siendo neutro o informando nada más.
El periodismo ha influenciado a unos y otros, ha estado de la mano de los gobiernos de turno, malos o perversos, ha demostrado ser una máquina de manipulación masiva y, aunque han existido muy buenos periodistas que incluso han perdido su vida en el ejercicio, los malos son más.
Para no ir muy lejos, basta con solo mirar a nuestro país Colombia, en los últimos años ya que con el auge de las redes sociales las malas mañas del periodismo han quedado al descubierto. Lo peor de todo es que ya ni siquiera se esfuerzan, de la manera más descarada los dichosos periodistas toman posturas, atacan al que les digan que tienen que atacar, participan en acciones delincuenciales y la lista es de nunca acabar.
Entonces, podemos decir que esta es la razón por la cual, en estas elecciones, el papel camaleónico de los periodistas y sus medios, causa verdadera hilaridad. No es raro ver a unos y otros tratando de mostrarse lo más neutros posibles, un día se acercan a la derecha, al día siguiente de izquierda, luego se alejan de los unos y de los otros y al final, como en toda una guerra fría, nadie sabe en qué creer porque los periodistas están haciendo su nefasto trabajo; además, se volvieron especialistas en aplicar el: “Divide y reinaras”, mientras engordan sus cuentas.
En fin, el periodismo y su gente, no de todos pero sí de la gran mayoría, ha perdido el toque, la decencia, olvidaron por completo su promesa y, aunque andan en la búsqueda de la ética perdida, dudo mucho que la vayan a encontrar.




