En mi equipo, siempre Dayro Moreno

Por fin llegó la convocatoria que muchos esperábamos, y con ella, una noticia que a algunos les supo a trago amargo, pero a otros —como yo— nos supo a gloria: Dayro Mauricio Moreno Galindo está de vuelta con la Selección Colombia. Sí, el mismo que algunos «periodistas serios» y comentaristas de corbata desprecian con frases facilistas como “borracho y anciano”, sin mirar lo único que realmente importa en el fútbol: los goles.
Dayro no necesita defensores, porque sus cifras hablan por él. Goleador histórico del fútbol colombiano con 370 goles (sí, trescientos setenta, no es error de tipeo), máximo artillero actual de la Copa Sudamericana con 8 goles a sus 39 años, y todavía corriendo como pelado de veinte y definiendo con la calma de un veterano que lo ha visto todo. Porque lo ha visto todo. El nacido en Chicoral, Tolima, ha tenido una carrera de novela, con sus altos, bajos, tropiezos y redenciones. Pero siempre, siempre, ha tenido algo que no se compra ni se fabrica: olfato goleador.
Algunos quieren verlo por fuera de la Selección por no cumplir con el «perfil europeo», porque no es de peinado perfecto ni influencer de Instagram. Porque no juega en ligas top ni tiene representante con influencia en la prensa. Pero entonces, ¿cuándo dejamos de premiar el rendimiento y empezamos a elegir por estética? Porque si de méritos se trata, Dayro Moreno se ganó esta convocatoria como pocos. Su lugar no fue un favor, fue una obligación.
Y no faltan los «mala leche», esos que viven del escándalo y no del fútbol, que repiten como loros que Dayro “ya no está para selección”. ¿Ah no? ¿Y cuántos delanteros en Sudamérica pueden decir que son goleadores históricos de su liga y que todavía, a las puertas de los 40, marcan cada semana? A los que creen que el fútbol empezó después del COVID-19, les recuerdo que Dayro ha sido figura en Colombia, México, Brasil, Argentina y Rumania. ¿Qué más quieren?
Los más jóvenes, los «pelados play», se deslumbran con promesas europeas que hacen un gol cada cuatro meses y posan para revistas. Yo me quedo con el que la mete cada domingo en Manizales, Pereira, Medellín, Cali, Bogotá o donde lo pongan. Con el que se faja los 90 minutos y no se esconde. Dayro no es modelo. Es goleador.
Y sí, es un personaje pintoresco, como los que hacían grande nuestro fútbol en los 80 y 90. Sí, ha tenido sus líos. ¿Y qué? ¿Quién no? Lo importante es que hoy está vigente, comprometido, y en su mejor forma. ¿O vamos a negar que nos haría falta un goleador con colmillo en un partido clave de eliminatoria ante Bolivia o Venezuela?
El 4 de septiembre a las 6:30 p.m., yo voy a estar en mi casa, anhelando un triunfo que nos clasifique al mundial 2026, con mi camiseta puesta y una botella de Amarillo de Manzanares destapada, esperando que el hijo de Chicoral nos regale un gol y, con él, la alegría de sentir que todavía hay justicia en el fútbol. Porque un tipo que ha hecho 370 goles, que no se rinde, que a punta de perseverancia volvió al radar de la Selección, merece más que desprecio: merece ovación.
Así que, aunque a muchos les incomode, yo lo digo claro: en mi equipo, siempre Dayro Moreno. Porque el fútbol no se juega con likes, se juega con goles. Y en eso, Dayro es el Rey.



