Opinión

Fuera del sistema

Luis Carlos Rojas García

Escritor
 

Albertico será el nombre del protagonista de esta historia. Albertico es un profesional de unos treinta y tantos años, tiene una esposa que es profesional como él. Viven felices en el país más alegre de Suramérica, el país del meme, de las cancioncillas pegajosas, el mismo en donde las muertes, la corrupción y otras cosas por el estilo dan risa.

Por el momento, Albertico y su esposa no tienen planes que incluyan hijos. También es importante decir que pertenecen a esa clase media, media, que no alcanza a ser alta, pero que tampoco se ubica en la media baja. Ahora bien, hace más o menos un año, Albertico, quien cuenta con una carrera profesional, dos especializaciones y una maestría, sin contar los innumerables cursos de actualización constante que suele hacer, decidió salirse del sistema. Sí, una mañana, después de un par de meses de estar esperando que lo llamaran de su trabajo por contrato, decidió que no iba a estar más en ese sistema que agobia a unos y otros. Ese sistema de consumo desmedido o que obliga muchas veces a trabajar en lo que no nos gusta.

Entonces, acostumbrado a madrugar, Albertico se levantó ese día muy temprano y decidió que, como tenía tiempo, podía ir a caminar, pero, recordó que tenía una bicicleta y que a causa de su trabajo no había podido hacer deporte desde hacía ya mucho rato. Fue así como se puso la pinta deportiva y salió a recorrer la ciudad adormecida.

Fue así como se dio cuenta de lo maravilloso que era no tener que cumplir un horario. Sintió el viento frío de la mañana acariciar su rostro, observó a los transeúntes que se despertaban a rebuscarse la vida y hasta le pareció algo gracioso ver a los perros que deambulaban por las calles en busca de algo de comer. Dicho en otras palabras, Albertico se sintió como si fuera un extranjero en su propia tierra.

Una vez terminó su jornada deportiva, fue a visitar a su madre quien lo recibió con un suculento desayuno y lo obligó a comerse todo porque lo veía algo flaco. Luego pensó que sería bueno visitar a sus hermanos y así lo hizo. Entonces, como parte de una catarsis, comprendió que valía la pena dedicar tiempo a la familia, porque la familia es primero.

Por su parte, la esposa de Albertico lo apoyó en su decisión de estar fuera del sistema, al fin y al cabo, ella podía hacerse cargo de las responsabilidades mientras Albertico se daba un merecido descanso. Así que lo animó para que hiciera lo que quisiera en ese periodo de lo que ellos denominaron: “¡Merecidas vacaciones!”

Cinco meses después de estar fuera del sistema, Albertico continuaba su rutina deportiva alegando que de esta manera le ahorraba dinero al mismo sistema. Además, a todo aquel que le preguntaba sobre su situación, él les respondía lo mismo: “¡Yo no tengo afán, la vida es una sola!”

El tiempo siguió su curso y Albertico ya no era muy bien recibido, ni en casa de sus familiares y mucho menos en la casa de sus amigos quienes, ya no le creían tanto aquello de estar fuera del sistema por voluntad propia. La única parte donde todavía lo recibían como a un rey era en la casa de su progenitora quien lo seguía viendo flaco y pálido.

Una mañana cualquiera, un año después de estar fuera del sistema, Albertico despertó de un salto en la cama y un terrible presentimiento lo abordó. Caminó lentamente por toda la casa buscando a su señora, pero no la encontró. Luego, con mucho sigilo fue hasta el baño, parecía que no quería que nadie supiera que estaba en la casa. Llegó hasta la entrada del baño, abrió la puerta, entró, cerró con cuidado, se paró frente al espejo y contempló su reflejo en el mismo. No, no estaba tan pálido ni tan flaco como decía su madre. Un poco más viejo tal vez, pero, de lo otro nada.

Fue en ese preciso momento en donde Albertico comprendió que llevaba más de un año haciéndose eso que llaman “pajazo mental” para no tener que aceptar que él no se salió del sistema; de hecho, ni siquiera el sistema lo había dejado salir; simplemente, como le pasa a cientos de compatriotas aquí o allá, tal vez más allá que acá, no había podido conseguir empleo y las deudas y obligaciones ya no se podían dilatar más.

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